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TODO CAE, ME IMPORTA UN FOMO: ES
LA HORA DE LOS PLOMEROS
Aquí,
allá y en todas partes el jugo de las finanzas ha desaparecido.
Partiendo del pozo de la pandemia de covid (que se agotó en 2022),
muchos papeles volaron sin parar durante tres años, pero de octubre
del año pasado a esta parte ya acumulan caídas importantes, y ningún
experto se anima a decir con precisión si esta descompresión ha
terminado.
Empezaron a llegar los balances trimestrales que presentan las
compañías (octubre-diciembre 25) y puede decirse que los números
entregados fueron -en promedio- aceptables. Pero con la idea de dar
algunos botones de muestra se observa que algunas de las compañías,
incluso las más importantes, muestran que estamos en zona de
desgaste.
El caso probablemente más resonante es el de Alphabet (Google) que
había subido de100 a 340 dólares en tres años, y tras la entrega de
sus números contables retrocedió hasta 322 dólares, con una moderada
baja del 5%.
Pero Meta (Facebook), que había subido de 97 a 780 dólares en tres
años, ahora bajó hasta 661 dólares, con una caída del 15%. AMD, una
de las “tecnológicas estrella”, había subido 50 a 260 dólares en
tres años, y ahora bajó a 208 dólares, con un daño del 20%.
Microsoft (la fundadora de la corriente tech) había subido de 230 a
540 dólares en tres años, y ahora acaba de bajar a 401 dólares, con
un desplome del 25%. Y Disney (la empresa de entretenimientos que
está por cumplir 103 años) llegó a cotizar a 190 dólares en 2021, y
hoy vale 109 dólares, por lo que se hundió 42%.
Y si tomamos "casos testigo" argentinos, según la cotización de sus
ADR en NY, tenemos resultados muy parecidos. La petrolera Vista
subió de 8 a 60 dólares en tres años, y ahora vale 56 dólares, es
decir 7% menos. YPF subió de 3 a 42 dólares en tres años y hoy
cotiza a 38 dólares, 10% menos. Mercado Libre, saltó de 650 a 2620
dólares, y ahora vale 1970 dólares, 25% menos. Y Galicia, emblema
entre los bancos, subió de 7 a 68 dólares en tres años y el viernes
terminó a 49 dólares, con un derrumbe del 28%.
Es decir, quienes habían sido consentidos con los etéreos premios de
las finanzas se están encontrando con el trago amargo del
achicamiento. Y esto no pasa solo con el valor de los papeles
privados. La onza de plata saltó de 17 a 122 dólares, y ahora está a
77, con una estocada del 37%. Y el Bitcoin trepó de 17 a 125
dólares, y hoy vale 69, con un derrumbe del 45%. Muchos de los que
se creían millonarios, salvados para toda la vida, ven que su
alfombra se convirtió en un tapete, y eso está abriendo un escenario
con dos situaciones bien definidas:
1) Ante una caída que ya dura más de 100 días, con algunos analistas
advirtiendo que esto recién empieza, comenzó a ganar espacio una
situación que se vivió una decena de veces en el mundo de las
finanzas. Esta situación se denomina FOMO, una sigla que surge de la
frase en inglés "Fear Of Missing Out", que traducido significa
"Miedo a quedarse afuera" o "Miedo a perderse de algo". Las fuertes
bajas ya acumuladas empuja a tomar decisiones emocionales,
generalmente comprando porque se cree que la caída ha terminado.
Socialmente los inversores sienten que amigos cercanos se llenaron
de plata, y se deciden movidas casi por euforia y no por análisis. Y
se llega al punto que los operadores expertos califican al momento
cambiándole una letra, en vez de llamarlo FOMO, lo denominan JOMO
(Joy Of Missing Out), que califica a los que entran como tontos que
entran en algo que no entienden, sin considerar que todo es un gran
riesgo, porque todo cae por dos factores: las subas fueron exóticas
pero, fundamentalmente, surgieron cientos de empresas o valores
alternativos, clones, muchísimos más baratos, algo que en la góndola
podría describirse como "segundas marcas". Y, por ejemplo, mucha
gente dice "sí, yo usé ChatGPT un tiempo, pero luego llegó Gemini y
me fui. Y después de Gemini aparecieron Claude, Perplexity,
DeepSeek, Copilot, Llama, Grok... y la lista sigue. Esto indica que
hay muchos jugadores nuevos en el tablero, infinitos puntos sobre la
recta, y esta caída de 100 días puede parar, rebotar o seguir, nadie
se anima a dar precisión alguna.
2) La otra situación que está surgiendo, bien saludable por cierto,
es que vuelve a repetirse un término que también se repitió 100
veces desde que la VOC (Vereenigde Oost-Indische Compagnie) conocida
como la Compañía Holandesa de las Indias Orientales inventó este
negocio en 1602 en Ámsterdam. Lo que vuelve a decirse es que, tras
la gran burbuja, con todo pinchándose regresó la hora de los
plomeros, y esto se usa no solo en finanzas sino también en la
política. La frase no se refiere literalmente a que el mejor negocio
de hoy es arreglar tuberías (algo que siempre paga), sino a una
metáfora sobre el estado del mercado. Dicho de otro modo, los
negocios financieros están "atascados e inciertos", no fluyen. Todo
parece una tubería obstruida: el dinero no circula, las
transacciones se detienen o el optimismo drenó. En este escenario,
los "plomeros" son los analistas, bancos centrales o técnicos que
deben intervenir para "destapar" el sistema y que el flujo (la
liquidez) vuelva a la normalidad. Y lo cierto es que ni la Fed, ni
el BCE, ni el BoJ o el BoE tienen la menor idea de cómo desarmar
este gran embrollo.
¿Cómo pueden seguir las cosas?
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