Luis Varela

SABER INVERTIR

Edición en línea del martes 7 de enero de 2020

LA INDUSTRIA AUTOMOTRIZ SUFRE LA PEOR CRISIS EN TRES LUSTROS

 

Autos en la lona: la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer

 

Escribe LUIS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com

 

A fuer de seguir debatiendo con la oquedad de los de pensamiento político nacional y popular, que piensan que encerrándonos y con protección vamos a llegar a ser Hollywood, el Taj Mahal o Chichén Itzá, lamentablemente tengo que empezar con el triste comentario anual del sector automotor con una frase bien autóctona: "La culpa no es del chancho sino de quien le da de comer".

En un país que tiene 44,3 millones de habitantes, unas 15 millones de familias, el sector automotor argentino llegó a tener en su mejor momento 160.000 empleados, repartidos en 34.000 en las terminales, 66.000 en las empresas autopartistas y 60.000 en los concesionarios. Por lo que el sector llegó a dar en el momento de más brillo trabajo para 160.000 familias, es decir el 1% de la población.

Según el plan de Alberto Fernández, de recuperar la industria nacional, se inicia un plan para que el sector llegue a tener en varios años 650.000 trabajadores, es decir casi cuatro veces lo que tuve en el mejor momento de su historia, en 2012-2013, cuando el país estuvo por entrar al selecto club mundial de países con más de un millón de autos vendidos al año.

Si el Plan de Alberto lograra su cometido, se lograría empleo para 650.000 familias, por lo que dándole gran protección y respaldo a esos elegidos se estaría haciendo un gran esfuerzo para impulsar al 4% de la población argentina.

Para lograrlo el camino elegido es subir hasta el techo los impuestos para que no entren autos importados, aplicándose además impuestos internos y modificando las escalas, por lo que la Argentina se convierte en uno de los países del mundo en el que los precios de un auto 0 km está entre los más caros del planeta.

O sea, para proteger al 1% de las familias, con el proyecto de consolidar al 4% de las familias, se le impide al 96% de las familias argentinas restantes tener vehículos nuevos sólidos y baratos para que puedan moverse, trabajar y desarrollar actividades que multipliquen el crecimiento de los negocios y los empleos en el país.

Porque hay que decirlo con todas las letras, con la misma idea opaca que se impulsó entre 2011 y 2015, el precio de los autos nuevos se volvió a colocar en un nivel ciertamente inalcanzable para los argentinos. Y no hablamos de argentinos ricos, sino de una enorme capa de población que se ve obligada a seguir con su auto usado, que empieza a tener roturas, contratiempos y pérdida de productividad.

En el segundo Gobierno de Cristina Kirchner, un auto promedio de la argentina llegó a vales la locuar de 76.000 dólares, equiparándose con el valor que tenía un departamento de un ambiente. Cuando en 2003, después del fatídico 2001, un auto nuevo costaba menos de 25.000 dólares, y cuando hace tres años un vehículo a estrenar llegó a valer algo menos de 40.000 dólares, siempre hablando de promedios.

 

PRECIOS A FULL

(Valor promedio en dólares de un auto vendido en la Argentina)

2003

24.000

2004

27.800

2005

34.300

2006

40.800

2007

46.800

2008 abril

48.800

2008 octubre

46.500

2009 abril

46.800

2009 octubre

45.300

2010 abril

49.900

2010 octubre

50.300

2011 enero

52.208

2012 abril

53.642

2012 setiembre

53.061

2013 febrero

53.133

2013 noviembre

49.705

2014 marzo

67.500

2014 octubre

65.500

2015 marzo

75.800

2015 agosto

76.000

2016 enero

69.600

2016 febrero

39.058

2016 marzo

39.878

2016 noviembre

41.964

2017 abril

44.754

2017 octubre

47.320

2018 marzo

49.800

2019 enero

52.534


Hoy, a través de las reformas impositivas, un auto nuevo elevó su precio a 52.500 dólares y en consecuencia hoy se necesitan casi 18 sueldos para comprar un 0 km, tres sueldos más que hace un año. Y esto ocurre así por algo ciertamente absurdo: debido a la alta presión impositiva que hay en el país, los autos argentinos desaparece: el precio final de un auto quedó integrado 54% para el Estado y 46% para empresas y concesionarios. Y ese 54% lo tienen que pagar el 96% de familias que no son protegidas para que el 4% tenga empleo.

En línea con estas decisiones de política económica, un lúcido economista como Ramiro Castiñeira planteo que "este tipo de políticas ya se hicieron en la Argentina muchas veces, es peronismo de vieja escuela. Alberto Fernández es pragmático y cuando salgamos del incendio a lo mejor varía, pero si el modelo actual no cambia, sabemos como termina: todo más chico y estancado. Si no cambia, esto va a ser el vuelo de la gallina, corto y de poca altura. Porque debe decirse con todas las letras: no es lo mismo hacer el ajuste fiscal achicando el gasto que subiendo impuestos, se le pone la carga a los privados, y no puede desarrollar tareas productivas. Con esto, la Argentina ya tiene la presión impositiva más alta del mundo".

Esta estructura fue generada desde mediados de 2009, con la pretensión de ser sostenida por emisión de pesos sin respaldo, que provocaron alta inflación, rotura del INDEC y caída libre de la activdad en 2014 y 2015. Esa triste situación llevó a la población a elegir como Presidente a un empresario mediocre, sin ninguna capacidad, como Mauricio Macri, con una decadencia que fue mantenida y profundizada por entre 2018 y 2019.

De ese modo llegamos a números fatídicos, con una lastimosa venta anual de 459.592 autos, 42,8% menos que los autos colocados en 2018, a años luz de los 956.884 unidades colocadas en 2013 y de los 900.998 vehículos patentados en 2017.

 


La radiografía del sector es ciertamente lamentable. Veamos todos los números:

 

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