Luis Varela

SABER INVERTIR

Edición en línea del lunes 6 de julio de 2020

YA HAY SOBREPRECIOS EN LOS 0KM POR TEMOR A PROBLEMAS DE REPOSICIÓN

 

Autos con repunte en junio por el blue, pero la suba difícilmente se sostenga

 

Escribe LUIS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com

 

Por suerte, tengo un gran número de lectores que siguen las tonteras que escribo. Algunos me felicitan, otros dicen que miento. Muchos me llaman y debaten, y otros me amenazan e incluso me insultan. En general el apoyo o el rechazo que recibo tiene que ver con las críticas que le hago a cada Gobierno de turno.

Critiqué al Gobierno de Macri, y me decían callate estúpido y me separaron de casi todos lados. Y ahora me llegan a llamar "gorila" porque hago advertencias y digo de antemano que las decisiones que está tomando el Gobierno actual son dignas de ignorantes. Digo "no saben lo que están haciendo", y me dicen "Varela vos sos amarillo, a Macri no lo criticabas igual".

En los últimos días ocurrieron dos cosas que me pegaron en el medio del hipotálamo. Fueron mesajes de dos personas que están en el medio de mi corazón. Una me mandó una foto, me dijo, a que no sabés qué es esto. Y la otra, mucho más vieja que yo, me envió una sentencia sobre los tiempos actuales, me dijo: "la taba cayó culo Varela".

El joven me mandó una foto de la calle Necochea, en La Bolsa, donde había unas 30 cantinas, siempre repletas de gente, inundadas de par en par, todos cantando, una verdadera fiesta. Hoy, Necochea es un desierto penoso, no queda casi nada, el tiempo se lo llevó. Y yo le contesté: "Las cantinas, yo las vi, eran un caos, con gente haciendo cola para comer, todos cantando".

 

 

Y el que me habló de la taba fue por supuesto un viejo. La taba es un hueso de las patas traseras de los bueyes, tiene cuatro caras: la mayor se llama “carne” o “suerte”; la menor se llama “culo”; y las dos laterales “hoyo” y “tripa”. Ese hueso era usado en el campo para jugar, había que tirarlo a unos metros de distancia, y si caía de un lado ganabas, era suerte, y si caía del otro, era culo, pif, perdías.

 



El joven, sorprendido por la algarabía de las cantinas, casi no las puede imaginar, porque no las vio. Y el viejo fue un inmigrante que hoy roza los 90, nació en la Europa desvanecida, y vino a un país que por aquellos años era uno de los más ricos del mundo. En PBI per cápita llegamos a estar en el puesto 7 de 140 naciones. El año pasado, cuando ya estábamos muy mal, según el ranking de OICA, que sigue un indicador de autos vendidos por cada 100 habitantes, ya habíamos retrocedido al puesto 38. Y este año, con el desastre económico que estamos sufriendo (según el FMI estaremos entre los 6 países del mundo que más sufriremos por la pandemia) llegaremos a tener 52% de pobres y en compra de autos caeremos al puesto 54.

Muchos de los inmigrantes que llegaban sin nada a la Argentina empezaron viviendo ahí, muy cerca de las cantinas de "La Boca", en conventillos, y con el esfuerzo de diez años de trabajo llegaban haciendo una escalerita a tener la casa propia. Hoy, para comprar 1 metro cuadrado, se necesitan seis salarios, y para llegar a una vivienda propia, un departamento mínimo para una familia, se requieren al menos de 23 años de trabajo, media vida.

 

¿Qué nos pasó? ¿Cómo pasamos de ser un país líder, de tener cantinas repletas, casas multiplicándose, a esta sequía estremecedora? Lo del puesto 7 fue hace 100 años. Lo de las cantinas fue hace 50. Algo ocurrió, algo falló. Veamos cuál es la raíz de todos nuestros problemas:

 

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