Luis Varela

SABER INVERTIR

Edición en línea del Sábado 19 de junio de 2010

 

 

LOS ÓRGANOS DE CONTROL NO PROTEGEN AL ACCIONISTA MINORITARIO

 

 

Los argentinos, alérgicos a las acciones y los bonos

Escribe LUIS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com

Un informe ultra reservado que circula bajo secreto total por el microcentro porteño indica que el mercado de capitales de la Argentina es uno de los que posee menor participación del ciudadano común a la hora de participar voluntariamente en los negocios con acciones y bonos.

Mientras en mercados híper desarrollados como los de Nueva York, Frankfurt o Tokyo se observan las mayores tenencias de títulos entre los ahorristas generales, la plaza argentina está largamente a la cola de casi todos los mercados, incluso por detrás de casi todos los países de América latina.

La cumbre de lo que se podría llamar la "titulación de los ahorros" se encuentra en Suiza, donde por cada 100 personas que tienen algún tipo de depósito en los bancos 32 tienen dinero colocado en bonos y 18 poseen acciones en sus carteras.

Siempre tomando como base 100 personas con dinero en el sistema bancario, en Estados Unidos esa proporción se ubica en 27 personas con bonos y 16 personas con acciones. Y drásticamente lejos de esas posiciones, la realidad argentina demuestra que por cada 100 tenedores de dinero bancario hay apenas 8 con bonos y sólo 2 con papeles privados.

El cálculo no incluye las tenencias de papeles incluidas en fondos jubilatorios ni en dinero acorralado y reconvertido forzadamente en títulos públicos, como ocurrió en la Argentina durante la crisis de 2001. Si se incluyera ese fenómeno obligado, los argentinos posiblemente se acercarían a las posiciones que existen voluntariamente en el denominado "Mundo desarrollado".

Solamente se trata de las acciones y los bonos que los inversores compran para mantener o acrecentar sus ahorros, seducidos por los rendimientos a vencimiento que ofrecen los títulos públicos o por la buena perspectiva y las ganancias que prometen las acciones cotizantes en la Bolsa.

Pero lo que más llama la atención de este informe no es la baja "titulación de ahorros" que existe en la Argentina, ya que ese fenómeno es archiconocido: lo más grave que se desprende del estudio son los motivos que generan esa baja participación y, sobre todo, la alta responsabilidad que tienen en ese fenómeno los operadores y controladores del mercado argentino.

Entre los elementos que sobresalen a la hora de alejar o desalentar a los potenciales inversores para que se decidan a la compra voluntaria de acciones y bonos figuran:

1) Las altas comisiones y tasas que se pagan en este mercado para entrar en este tipo de negocio.

2) La inexistente política de pago de dividendos (reparto de ganancias) que reconocen las empresas que cotizan en Bolsa.

3) La escasa y prácticamente desconocida labor de la Comisión Nacional de Valores, cuya actuación jamás es escuchada por los inversores comunes.

4) La total indefensión que tienen los inversores, que compran papeles en la Bolsa, cuando los directorios de las firmas cotizantes deciden políticas herméticas que generalmente se utilizan para ocultarle beneficios, no solo a la AFIP sino también a los accionistas minoritarios.

"Sorprende que los volúmenes operados en el mercado argentino sean cada vez más reducidos y que las pocas compras que se realizan sean fundamentalmente de empresas que están radicadas en mercados del exterior", reconocía el licenciado Claudio Zuchovicki, gerente de Desarrollo de Mercado de Capitales de la Bolsa de Comercio.

Y la razón para que los inversores no se sumen a la fiesta bursátil tiene que ver, justamente, con poner dinero en un cajón que no es controlado por nadie. Ha habido empresas que tienen filial en la Argentina y casa matriz en el exterior que presentaron balances con ganancias superlativas en Estados Unidos, España o Brasil y balances siempre en rojo o con resultados muy reducidos en este mercado.

Y lo más sorprendente del caso es que cuando se intenta consultar sobre este tema a los operadores o las mesas de dinero de los bancos la respuesta generalizada es: "Mirá, sobre este tema no opinamos, cuando estés con otra investigación no hay problema, pero en este tipo de situaciones preferimos tener un perfil muy bajo".

"La razón de este mutismo -reconocía anoche un analista en un estricto off-the-record - es que se teme a las reprimendas. Todos saben que mirar para otro lado es vivir en un país jardín de infantes, pero los que operan con acciones y bonos están muy al límite de la ley casi todo el tiempo y nadie quiere hablar, más en momentos como este, donde quién saca los pies del plato debe enfrentar a un Gobierno que aplasta a los que se le ponen adelante".

En el mercado se dice que la baja compra de bonos está ligada, por supuesto, al default que declaró la argentina hace cinco años y que la mínima adquisición de acciones es porque las empresas ganan este año 25% más que el año pasado, declaran ganar 18% más y reparten dividendos por 4%.

"Son pocas las empresas que han pagado dividendos en los últimos años -reconoce Diego Zavaleta, mandatario de Besfamille Sociedad de Bolsa- y coincido con que tal vez la política de no distribución periódica de utilidades por parte de las empresas cotizantes sea un obstáculo para el desarrollo del mercado de capitales en Argentina".

-¿ Por qué no se reparten dividendos?

- Una condición necesaria para el reparto de dividendos -señala Zavaleta- es la generación de utilidades en forma consistente y regular a través del tiempo. Esto a su vez depende en gran medida del marco económico donde estas empresas desarrollan su actividad. En un país como el nuestro con una, lamentablemente, tan rica historia en materia de crisis y ciclos, la generación de utilidades regularmente no ha sido tarea sencilla para las empresas.

- Pero hay empresas que declaran utilidades distintas aquí y en el exterior con actividades similares, como el caso de Petrobrás...

- Puede haber algún caso puntual como el de Petrobrás que aplica una distinta política de dividendos en Brasil y Argentina generando cierto malestar en los accionistas minoritarios locales, pero no creo que haya en este caso ninguna ilegalidad. El accionista controlante tiene derecho a determinar el rumbo, la estrategia de negocios, la forma de financiamiento y la política de reinversión o distribución de utilidades en cada compañía.

- ¿Tiene que ver con la presión tributaria?

- El tema fiscal es diferente. A nadie le gusta pagar impuestos y es normal que las empresas intenten todo lo legalmente posible para pagar la menor cantidad de impuestos posibles.  

Lo grave del caso es que con este tipo de políticas el mercado bursátil argentino languidece año tras año. En la década del '60 llegó a haber 600 empresas cotizantes, y ahora no se llega a 150, con poco más de 70 compañías con cotización más o menos frecuente.

Y lo irónico de la situación es que los responsables de expandir el mercado no parecen darse cuenta que el mercado existe cuando hay inversores, volumen de negocios, y no cajas vacías cotizando. Por eso, hace dos semanas, en el festejo por el 152 aniversario de la Bolsa de Comercio, el titular de la institución, Horacio Fargosi, sorprendió diciendo que la Bolsa tiene hoy una visión más combativa de la economía ya que prefiere "salir a buscar a las empresas" y no esperar a que lleguen a la institución.

En ningún momento se habló de proteger al inversor, de controlar si las ganancias se reparten correctamente, de intentar bajar los costos de intermediación, ni de publicar, periódicamente y con claridad, las multas que aplica la Comisión Nacional de Valores a las compañías que caen en irregularidades.

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