Luis Varela

SABER INVERTIR

Edición en línea del Domingo 27 de setiembre de 2026

 

 

 

NO NOS UNE EL ESPANTO, NOS SEPARA EL ODIO

 

Por qué caen tanto los títulos argentinos y qué puede pasar

 

Escribe LUIS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com

Lo que seguramente termine pasando es que los que lean este informe hasta el final terminen con la intención de tirarle 12 millones de piedras al autor. Así que recomiendo que dejen de leer en este punto, y que sigan -como Stanley Kubrick- con "los ojos bien cerrados".

Para empezar, con una osadía sin límites, me gustaría arrancar modificando una frase histórica del incorregible Jorge Luis Borges. El máximo escritor argentino -al que se le negó el Nobel por decir en la nariz del otro lo que el otro no quería escuchar- selló su obra diciendo "No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto".

Y yo, ante el contexto social complejo en el que se encuentra la empobrecida Argentina y el mundo en guerra en general, alteraría esa frase inmortal cambiándole una solo palabra: "No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la odio tanto", como una muestra de que la impotencia es de tal tamaño fue vemos a diario asesinatos de mujeres o de hombres, casi con normalidad en la salida del sol de cada día.

Para tratar de describir descarnadamente lo que ocurre, deberíamos partir diciendo que estamos en un momento mundial en el que asistimos a la decadencia del imperio que reinó durante los últimos 80 años. Desde que osó a quemar Hiroshima y Nagasaki, EE.UU. fue sin dudas la potencia hegemónica. Hubo unos pocos años en el que la URSS le hizo algo de fuerza, pero implosionó. Y ahora es China la que viene pisando fuerte, con Washington y Beijing buscando repartirse todo el mapa como si esto fuera un TEG.

En medio de eso, como herramienta, surgió la inteligencia artificial, que da una ventaja inconmensurable y desconocida, pero que a su vez requiere de una gigantesca provisión de energía, donde el petróleo y las tierras raras están en este momento en el foco de esa gran pulseada. Mientras hay científicos de otros puntos del planeta que experimentan con hidrógeno y otras fuentes, lo cual podría cambiar todo el tablero en cuestión de minutos, lo cual le agrega aún más incertidumbre a todo lo que vivimos.

Pero enfocándonos en el petróleo, que es lo que más nos atora en este momento, el ataque de EE.UU. primero a Venezuela y después a Irán, llevó en 10 meses al barril de WTI de US$ 55 a US$ 92, con un aumento del 67%, al tiempo que el Brent pasó de US$ 60 a US$ 97, con un incremento del 62%. Esos aumentos llegaron a los surtidores, a los transportes y a la inflación: en diciembre pasado EE.UU. tenía un IPC anual del 2,7% y la UE del 1,8%. Y el último dato muestra que la suba de precios está en 3,4% anual en EE.UU. y en el 3,2% en la Unión Europea.

Hoy nada ni nadie puede anticipar cuánto costará el petróleo en 2027. Hay algunos analistas que lo ven a US$ 70, dando razones muy entendibles, y otros que lo imaginan en US$ 150, también entregando explicaciones que pueden tener algún respaldo en el sentido común. No lo sabemos.

La gran cuestión es que este complejo período geopolítico llevó a casi todas las naciones a agudos cuadros de déficit fiscal con deudas estatales cada vez más estrambóticas, al puntos que empieza a dudarse que muchos países históricamente muy sólidos puedan cumplir con sus compromisos, lo cual determina que "a seguro de lo llevaron preso".

Como reacción a la presente suba mundial de la inflación el termómetro que está rompiendo aún más toda la métrica es la suba vertical de la tasa de interés. Con el costo del dinero tal cual estaba ya era difícil que los países pagaran sus deuda, y ahora que los costos subieron a las nubes, puede que "el remedio sea peor que la enfermedad".

Para entender cuánto se encareció el crédito mundial puede decirse, como botones de muestra, que en los últimos 6 meses la tasa a 10 años de EE.UU. subió de 4,06 a 5,16% anual, con una deuda gigantesca que ahora rueda con ese costo. En tanto que la tasa a 10 años promedio internacional pasó de 4,35 a 5,32% anual, ahogando a naciones que ya estaban en problemas.

Y, dentro de ese contexto, nosotros los encontramos dentro de la quebrada Argentina, un país que ya era insolvente en la década del '70, con Alfonsín, en el 2001, con los K, con Macri, con Fernández y también ahora. La frase "no hay plata" del extremista Milei es completamente cierta: si el BCRA llega a empezar a emitir pesos sin respaldo, en 10 minutos volveremos a estar en hiperinflación nuevamente.

Así, gracias al injusto ajuste de Milei (porque no fue contra la casta, sino contra la clase media baja y los jubilados), la tasa a 10 años de Argentina bajó del 52% anual (que tocó cuando Alberto Fernández consumó un nuevo default al anunciar en 2019 que iba a revisar la deuda) hasta el 9,62% anual en diciembre pasado y ahora, en medio de este temblor internacional, acaba de dispararse nuevamente hasta el 12,5% anual, lo cual llevó al riesgo país de 402 unidades (al borde de acceder al crédito internacional) hasta los 609 puntos básicos del viernes pasado.

Por supuesto, como si lo que vivimos fuera una tremenda ola de gripe internacional, los que más sufren son los más débiles. Por esa razón, considerando lo que pasa en nuestra región, en esta crisis el país que más sufre en Argentina. Hoy el riesgo país local es de 609, bien por encima de Ecuador con 446 puntos, México 194. Brasil 158, Perú 102, Chile 85 y Uruguay 64.

Y para demostrar que claramente somos los que más estamos sufriendo este temblor, debe decirse que en lo que va de setiembre el riesgo país de Argentina sube 95 puntos, en tanto que el de Ecuador trepa 36, pero el riesgo de todos nuestros vecinos no solo no subió, sino que bajó: en lo que va de este mes el riesgo de Uruguay cedió 1 punto, el de México y Chile se achicó en 2 unidades, el de Perú en 4 y el riesgo de Brasil descendió en 14 puntos.

¿Por qué subió tanto Argentina y por qué bajó Brasil? Debemos decir que, además de todo el baile que hay con el petróleo y la inflación mundial, se vienen elecciones en países que definen sus gobernantes por el voto, sin dictaduras de por vida, como ocurre en China, Rusia o el Irán actual, entre muchos otros, y eso genera alta incertidumbre, porque nadie puede anticipar con seguridad qué resultado tendrá cada proceso electoral, todos muy vinculados con la Argentina.

En Brasil se vota en una semana para nuevo Presidente, y el electorado está muy polarizado, con alguna ventaja mínima para Lula, que seguramente se definirá en el balotaje del 26 de octubre. Dentro de 30 días se vota en Israel, donde se renueva la totalidad de los miembros del Parlamento, 120 personas, y los votantes también están muy polarizados, con ventaja mínima para sacar a Netanyahu del poder. Y en EE.UU. se vota dentro de 37 días: allí se renuevan los 435 escaños completos en la Cámara de Representantes y 35 de 100 senadores. Según las encuestas, a pesar de tener la osadía de querer comprar los votos pagándoles US$ 5000 por votante, con dinero del Estado. Trump perdería la mayoría en la Cámara de Representantes. Y en el Senado hoy los republicanos tienen 53 espacios y los demócratas 47, y las encuestas dicen que probablemente Trump retenga la mayoría por uno o dos asientos, al límite, es decir, completamente incierto.

Pero por si todo esto no fuera suficiente, dentro de 6 semanas visitará la Argentina el actual Papa León XIV. Después de haber soportado la vergüenza de tener un Papa argentino como Francisco, que no fue capaz de venir de visita al país durante los 12 años y 39 días que duró su reinado, ahora llega el Papa que, de movida, está realizando una estrategia muy cínica. Con el Vaticano repleto de oros y oropeles, habiéndoles aumentado recién el sueldo mensual a los Cardenales de 5000 a 5500 euros, a los altos jefes dicasterios de 4000 a 4330 euros, a los clérigos de 2500 a 2575 euros y a los empleados laicos de palacio de 2200 a 2275 euros, este León viene y visitará el Cottolengo Don Orione, dándole un abrazo divino a los discapacitados. Pero su viaje a la Argentina tuvo que ser cubierto con una colecta que se hizo entre gente que no llega a fin de mes, no con los $ 10 M por mes que cobran los Cardenales.

Al mismo tiempo, si bien es totalmente necesario aumentarles los ingresos a los máximos centros de estudios, los universitarios deben comprender que la Argentina está quebrada. El Presupuesto asignado por el Gobierno para los altos centros de estudios es de $ 4,8 B anuales (más de US$ 3.000 M) y con marchas multitudinarias reclaman $ 7,3 B (US$ 4700 M), sin entender que ese dinero -si se otorga- tiene que salir de otra partida. Y cuando representantes del Gobierno les dicen "OK, pero digan a quiénes les sacamos esos fondos", la respuesta es "que lo defina Milei, para eso es Presidente" (que la culpa la tenga otro).

Y en medio de esto, por supuesto, están los oportunistas de siempre. Hay medios que se quedaron sin pauta, que ante cualquier señal tiran dardos envenenados, siempre en contra, para recibir del Estado algo que les permita estar vivos ("con la mía no"). Y están a los gritos, diciendo cuántos puestos de trabajo se pierden por segundo, sacando en tapa políticos (gobernadores, diputados, senadores, intendentes y concejales que son todos millonarios en dólares).

Además, en medio del temblor internacional, con una política económica muy estricta porque la sábana no da para taparse los pies y la cabeza a la vez, aparecen desde el INDEC datos de actividad y pobreza malos, con la oposición más dura gritando que "el INDEC mide mal", cuando bajo el kirchnerato Guillermo Moreno destrozó las estadísticas, además de decir "si roban, háganlo con códigos" (uy Dio).

Con todo esto hay altas chances de que la economía entre en recesión y que la situación sea aún peor, con la gobernabilidad es cada vez más compleja. Y, particularmente, con una sociedad en la que la palabra "eventualidad" se repite cada vez más, en estos tiempos duros no se cumple con la palabra, ni con el respaldo total: la "piba Gagá", como la llaman ahora los libertos, vuelve a cortarse sola, tal como viene haciendo desde que nació: cada vez que la cosa se pone fea, se baja del bote, y se sube a otra balsa que la pueda mantener a flote.

Y como si este caos no fuera suficiente, el Trump que reactivó el tema Malvinas para presionar a Gran Bretaña, no le dio foto a Milei en este viaje a la ONU, y despertó una herida que los argentinos tenemos en el corazón: además de todo, el tema Malvinas está otra vez en el medio, con una Gran Bretaña muy debilitada entregando una respuesta amenazante: "Tenemos capacidad militar para defender las islas, los kelpers quieren ser ingleses", en un intento por sacar a Gran Bretaña de una crisis histórica, tal como hizo Margaret Thatcher en 1982. Eso sí, los escoceses, los galeses y los de Irlanda del Norte no quieren ser ingleses, pero ahí para Londres la autodeterminación no juega.

Con todo ese marco, con la tasa de EE.UU. volando al nivel más alto en 20 años, el dólar subió esta semana contra todas y cada una de las monedas del mundo: avanzó desde un mínimo del 0,1% semanal en Chile hasta un máximo del 2,6% en México (ver detalle aparte). Y en la Argentina el contado con liqui subió 2,2%, el mep avanzó 0,9% y el blue 0,3%, con el dólar mayorista alcanzando el valor nominal más alto de su historia: $ 1525,50.

Así, después de un IPC del 1,7% en agosto, las consultoras están calculando para setiembre una variación del 1,9%, lo cual llevaría a la inflación anual pasada al 33,3%. Y como el dólar está ahora nuevamente firme, para evitar que los que tienen plata grande en los bancos acaba de subir la tasa TAMAR de los plazos fijos hasta el 26,5%, mientras los ahorristas chicos reciben 20,1% anual promedio (16% en bancos grandes y 23% en bancos chicos).

Pero, desconfiando sobre lo que viene, lo que más sobresalió financieramente fue la caída de los títulos argentinos, no solo los bonos sino también las acciones. Los títulos públicos perdieron casi 0,5% promedio semanal, lo cual hizo subir el riesgo país 85 unidades esta semana, hasta 609 puntos básicos, el nivel más alto en cinco meses.

Y la peor parte se la llevó la Bolsa de Buenos Aires. Las Bolsas del mundo tuvieron una suba semanal promedio del 0,8% (con el Nasdaq (índice tecnológico) marcando un récord histórico sin precedentes el martes, pero igualmente redondeando una semana con una suba del 2,1%. ¿Qué pasó con la Bolsa de Buenos Aires? Bajó 4,2% en pesos o 4,9% en dólares, testeando su valor piso de este año.

¿Por qué se vieron tan afectados los títulos argentinos? Por todo lo que dijimos (tensión mundial, gobernabilidad interna, Malvinas, pobreza, recesión, etc.), pero también hay algún impacto porque los precios de la guerra acaban de enfriarse algo: el Brent (que alimenta a Vaca Muerta) bajó de US$ 110 a US$ 97. Y en lo que va de setiembre el precio de la soja aguanta bien, pero el maíz, y sobre todo el trigo están para abajo.

Frente a todo esto, los inversores mundiales no saben para dónde disparar. En lo que va de setiembre los refugios clásicos están con respuestas divergentes: el Bitcoin sube 7% en lo que va del mes, pero las onza de oro y plata caen más del 3%. Las tasas de EE.UU. cepillan todo. El bono del Tesoro a 1 año está pagando 4,5% anual, y el 70% de los operadores cree que la Fed volverá a subir su tasa base en octubre, con dos subas más antes de que se vote en la Argentina.

¿Qué hacer con los ahorros ante semejante desquicio? Con tanta incertidumbre, los bancos de inversión titulan los informes a sus clientes con la palabra "cautela" y proponen carteras conformadas de la siguiente manera:

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