Luis Varela

SABER INVERTIR

Edición en línea del Domingo 5 de julio de 2026

 

 

 

LA COSTUMBRE ARGENTINA DE REFUGIARSE EN EL COLCHÓN ES UN ESTIGMA QUE EL AHORRISTA MEDIO NO SE PUEDE SACAR DE ENCIMA

A un año del ¡Comprá campeón!, el que apostó al dólar perdió

 

Escribe LUIS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com

Los científicos dicen que el planeta tierra tiene aproximadamente unos 4540 millones de años de antigüedad, mientras que nuestra especie actual, el humano moderno (homo sapiens), tiene unos 300.000 años. O sea, caminamos por el mundo el 0,0066% del tiempo que tiene el planeta.

Esto quiere decir que, si equiparáramos el tiempo del planeta tierra con el transcurso de por ejemplo 24 horas, desde que se inició el planeta los humanos existimos durante los últimos 5,7 segundos de ese día de duración.

Por supuesto, cuando nos dan esa información se trata de creer o reventar, ya que no tenemos demasiados elementos concretos como para que nos entre en la cabeza algo que pueda refutar o confirmar lo que los científicos dicen.

Si nos remitimos a cosas que están ahí, que se pueden tocar y comprobar, hay un centenar de pruebas que dan muestras del tiempo que ha pasado desde que nos movemos. Están por ejemplo las más antiguas muestras del arte rupestre neandertal, que tienen unos 64.800 años. Y si nos venimos bastante más acá puede decirse que los faraones egipcios Keops, Kefrén y Miserino hicieron sus pirámides en el siglo XXVI A.C., hace unos 4.500 años.

Otro de los pensamientos con los que los científicos nos han sorprendido últimamente tiene que ver con la diferencia de atención entre el hombre y la mujer. Dicen que, durante tantos milenios, desde las familias prehistóricas, el hombre era el encargado de salir de la cueva para ir a cazar, mientras que la mujer se quedaba alerta, cuidando a las crías. Y, por esa función de tantísimo tiempo, dicen que el cerebro del hombre se acostumbró más a estar enfocado en determinadas cosas y que el de la mujer tiene un radar, una atención, mucho más amplia.

Por eso, es común ver últimamente cómo se replican en las redes pequeños videos en las que los hombres dicen "querida, ¿dónde están las llaves?"... "Ahí, arriba de la mesa". "No, arriba de la mesa no están". "Te digo que sí". "Acá no están". Y la mujer aparece enojadísima, agarra las llaves, las mueve 20 centímetros, las apoya con fuerza... Y los tipos terminan diciendo "acá no estaban".

Por supuesto, podemos seguir con este tipo de ejemplos hasta cansarnos. Están por ejemplo infinidades de pares de medias desaparecidas en vórtices extraños en los cajones del placard, con tipos diciendo "¿qué hiciste con mis medias preferidas? ¿No me digas que las tiraste? !Siempre me hacés lo mismo!!! Con las mujeres apareciendo y refregándonos por el hocico lo que estábamos buscando.

Esta rara introducción para una columna financiera busca demostrar que somos animales de costumbres. Repetimos una y otra vez las mismas cosas, a pesar de que en muchos casos esos hábitos son rutinas reiteradas, muchas veces equivocadas, pero que repetimos porque nos hacen sentir seguros.

Desde hace bastante tiempo, en plena pandemia de covid, en 2021, en Saber Invertir venimos socarronamente tomándole el pelo a los compradores de otra costumbre que se nos enraizó en la última década: la compra de criptomonedas. Haciéndole honor al histórico analista bursátiles Carlitos Fontana, quien decía que en inversiones "ni las copas de los árboles crecen hasta el cielo, ni las raíces llegan hasta el invierno".

Cuando el Bitcoin superaba los 65000 dólares en noviembre de 2021 empezamos a calificar a los compradores de ese activo como "cripto-adictos", emparentándolos un poco con los fanáticos compradores de bulbos de tulipán en la Ámsterdam de 1637, lugar donde casualmente nació el mercado bursátil moderno tal como lo conocemos hoy.

Y como al llamarlos cripto-adictos, los fanáticos compradores de Bitcoin nos bombardeaban con críticas: "vos no entendés nada, dedicate a otra cosa". Y esa puja duró más de un año, en el que los fanáticos del Bitcoin veían azorados de qué modo ese valor se hundía desde 67.000 a 16.500 dólares y ante cada baja, para enfrentar cada crítica decían: "mejor, compro más".

Luego, por supuesto, entrado otro ciclo, el Bitcoin saltó desde los 16.500 dólares de diciembre de 2022, una raíz que se acercaba al infierno, hasta un techo temporal de 126.300 dólares (récord absoluto) en octubre de 2025, con los fanáticos de ese valor repitiéndonos en las redes: ¡Viste, salame, andá a freír buñuelos!". Y a partir de ahí el bitcoin no paró de hundirse, hasta tocar hace 10 días, el 25 de junio pasado, un mínimo de 58.000 dólares, para rebotar hasta ahora hasta 62.550 dólares, pero con una particularidad: el tan seguro "mejor compro más" desapareció con las redes, y todos estuvieron rumiando, tomando mate con buñuelos.

¿A qué viene toda esta perorata? Sucede que, en arranque de julio de 2025, hace exactamente un año, el ahora locuaz ministro Luis Caputo les dijo la famosa frase "¡Comprá campeón!" a los que, apoltronados en las costumbres argentinas, se montaban antes de la elección de medio término en una brusca corrida cambiaria que se llevó a los colchones nada menos que US$ 32.000 M, convirtiéndonos en los mayores compradores de cara grande (banda azul) de la historia de la humanidad.

Por supuesto, aquel pánico provocado por una posible vuelta de Kicillof a la Casa Rosada hizo que el dólar se fuera desde las raíces cercanas al infierno de $ 1165 de principios de junio de 2025 hasta $ 1520 a mediados de setiembre, pocos días después de que el gobernador bonaerense ganara la elección de provincia de Buenos Aires. En ese momento llegó el tío Bessent al rescate, y evitó que Milei se convirtiera en ¿otro Alfonsín, otro De la Rúa u otro Macri?

El caso es que desde aquel pico de $ 1520 de mediados de setiembre de 2025, el dólar volvió a hundirse hasta $ 1390 a principios de abril de este año, momento en el que comenzó a hacer efecto la compra diaria de dólares con emisión de pesos que viene realizando el BCRA desde principios de este año, llevando al dólar hasta $ 1515, es decir todavía un poco abajo del récord nominal histórico de setiembre del año pasado.

Pero, tomando como base el "¡Comprá campeón"! de Caputo hasta ahora, la pregunta es quién tuvo razón, y para contestarla, sin ir a los misterios de las cuevas de Altamira, tenemos datos concretos que ahora guardamos en archivos Excel. Exactamente desde que el ministro nos tomó el pelo, como si estuviéramos "chupando un palo sentados en una calabaza", el dólar subió 23,7%, de $ 1225 a $ 1515, cuando la inflación de los últimos 12 meses fue del 33,2%, es decir 9,5 puntos por encima del dólar.

O sea, el que tiene los dólares en el colchón, desde los $ 100 iniciales con los que compró billetes vendes hoy tiene $ 123,70. Al tiempo que el que dejó los pesos en el banco e hizo un simple plazo fijo tiene hoy $ 130,30. El que compró bonos tiene $ 138,60. Y el que compró acciones tiene $ 158,60.

Y, por supuesto, si nos ponemos más finitos, hubo casos extremos de algunos papeles privados que directamente estallaron. La empresa SanDisk, creada en EE.UU. en 1988 para el desarrollo de dispositivos de almacenamiento de memoria flash tuvo desde el "¡Comprá campeón"! una suba en dólares en Wall Street del 750%. La fabricante de semiconductores Micron Tech (fundada en pleno Mundial '78) acaba de tener en el último año un aumento del 300%. Mientras que la fabricante de chips Intel, que nació en 1968, tuvo en el último año un salto del 250%, en buena medida porque la Casa Blanca la impulsó comprando el 10% de sus acciones y dándole fondos para que se actualice.

Y a nivel estrictamente local, todo medido en pesos, para que los que tienen en el colchón $ 123,50 desde los $ 100 iniciales, aparecen casos de la deprimida Bolsa de Buenos Aires (la peor de todas últimamente) una suba en el último año del 114% en la acción del Banco de Valores, un aumento del 88% con YPF y un incremento del 86% con Telecom (a la que le acaban de autorizar su fusión con Telefónica). Pero si miramos lo que pasó en pesos con algunos Cedear (Certificados de depósito que cotizan en la Bolsa porteña) se tiene que los que ganaron 23,7% en el colchón confrontan con una suba del 704% en INTC, el ticker del cedear de Intel, un saltó del 257% en BB, el ticker del cedear de BlackBerry y un avance del 253% en CAT, el cedear de Caterpillar.

Por supuesto, así como funciona la cabeza de los adictos al Bitcoin, que se pierden ganancias millonarias mientras mantienen sus valores en sus "pendrive", casi como Adorni, los compradores de dólares del colchón no se fijan cuántos kilos de milanesas dejaron de poder comprar, solo miran enceguecidos la cara grande de Benjamín Franklin, y dicen "mejor, están ahí", con la esperanza de que en algún momento el dólar vuelva a volar.

Obviamente, vista la corrida cambiaria gigantesca de 2025, el 80% de los argentinos está convencidos de que, en 2027, como se discute el sillón de Rivadavia, la corrida cambiaria será monumental, los bulbos de tulipán, un poroto. Y, contra eso, Caputo, como buen bróker, está armando todo para que eso no ocurra. De hecho, esta misma semana firmó un REPO (préstamo con 10 bancos internacionales) roleando vencimientos por US$ 6000 M que vencerán en setiembre de 2028, es decir después de la elección presidencial.

En su Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), el Banco Central indaga a 34 consultoras. Esos centros de estudios económicos, que en general no aciertan demasiado, ven para fin de este año un precio del dólar ubicado en $ 1658, con la posición de contratos de futuro a diciembre del Rofex en $ 1654.

Por supuesto, nadie conoce el futuro. Quizás a Kylian Mbappé le entreguen más penales. A lo mejor pierde Lula en Brasil. Quizás la Fed de Kevin Warsh termine bajando su tasa. Pero si los $ 1658 que plantea el REM para fin de año se concretan, los que tienen dólares en el colchón ganarán 9,4% en pesos en los próximos 6 meses, contra una inflación estimada para ese período en la zona del 12%, contra una tasa de plazo fija en pesos que pude llegar a pagar 10,1%.

El próximo jueves el Gobierno tiene que pagar US$ 4350 M por amortización y cupones de los Bonares y Globales que inventó Martín Guzmán en el último corte de manga que le hizo la Argentina a los tenedores de deuda argentina. ¿Dónde irá todo ese dinero? ¿Recomprarán los inversores nuevamente bonos soberanos? ¿Subirá dentro de 10 días la agencia Moody's la nota argentina de CCC+ a B-, como hicieron Fitch y S&P hace algunas semanas? ¿Provocará eso un nuevo aumento de los bonos? ¿Podrán recuperar valor las acciones?

Sin dudas, los temerosos que tienen dólares en el colchón, afectados por tantos defaults y corralitos, seguirán con el adictivo "compro más". Pero, ¿es esa la mejor opción? Los consejeros de inversión dan su veredicto en las siguientes perspectivas:
 

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