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Luis Varela
SABER INVERTIR

Edición en línea del Domingo 8 de febrero de 2026
LA VOLATILIDAD ARGENTINA SE INCREMENTA EN MEDIO DE UN MUNDO ABSOLUTAMENTE INCIERTO
Todo cae, me importa un FOMO: es la hora de los plomeros
Escribe LUIS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com
Aquí, allá y en
todas partes el jugo de las finanzas ha desaparecido. Partiendo del pozo de
la pandemia de covid (que se agotó en 2022), muchos papeles volaron sin
parar durante tres años, pero de octubre del año pasado a esta parte ya
acumulan caídas importantes, y ningún experto se anima a decir con precisión
si esta descompresión ha terminado.
Empezaron a llegar los balances trimestrales que presentan las compañías
(octubre-diciembre 25) y puede decirse que los números entregados fueron -en
promedio- aceptables. Pero con la idea de dar algunos botones de muestra se
observa que algunas de las compañías, incluso las más importantes, muestran
que estamos en zona de desgaste.
El caso probablemente más resonante es el de Alphabet (Google) que había
subido de100 a 340 dólares en tres años, y tras la entrega de sus números
contables retrocedió hasta 322 dólares, con una moderada baja del 5%.
Pero Meta (Facebook), que había subido de 97 a 780 dólares en tres años,
ahora bajó hasta 661 dólares, con una caída del 15%. AMD, una de las
“tecnológicas estrella”, había subido 50 a 260 dólares en tres años, y ahora
bajó a 208 dólares, con un daño del 20%. Microsoft (la fundadora de la
corriente tech) había subido de 230 a 540 dólares en tres años, y ahora
acaba de bajar a 401 dólares, con un desplome del 25%. Y Disney (la empresa
de entretenimientos que está por cumplir 103 años) llegó a cotizar a 190
dólares en 2021, y hoy vale 109 dólares, por lo que se hundió 42%.
Y si tomamos "casos testigo" argentinos, según la cotización de sus ADR en
NY, tenemos resultados muy parecidos. La petrolera Vista subió de 8 a 60
dólares en tres años, y ahora vale 56 dólares, es decir 7% menos. YPF subió
de 3 a 42 dólares en tres años y hoy cotiza a 38 dólares, 10% menos. Mercado
Libre, saltó de 650 a 2620 dólares, y ahora vale 1970 dólares, 25% menos. Y
Galicia, emblema entre los bancos, subió de 7 a 68 dólares en tres años y el
viernes terminó a 49 dólares, con un derrumbe del 28%.
Es decir, quienes habían sido consentidos con los etéreos premios de las
finanzas se están encontrando con el trago amargo del achicamiento. Y esto
no pasa solo con el valor de los papeles privados. La onza de plata saltó de
17 a 122 dólares, y ahora está a 77, con una estocada del 37%. Y el Bitcoin
trepó de 17 a 125 dólares, y hoy vale 69, con un derrumbe del 45%. Muchos de
los que se creían millonarios, salvados para toda la vida, ven que su
alfombra se convirtió en un tapete, y eso está abriendo un escenario con dos
situaciones bien definidas:
1) Ante una caída que ya dura más de 100 días, con algunos analistas
advirtiendo que esto recién empieza, comenzó a ganar espacio una situación
que se vivió una decena de veces en el mundo de las finanzas. Esta situación
se denomina FOMO, una sigla que surge de la frase en inglés "Fear Of Missing
Out", que traducido significa "Miedo a quedarse afuera" o "Miedo a perderse
de algo". Las fuertes bajas ya acumuladas empuja a tomar decisiones
emocionales, generalmente comprando porque se cree que la caída ha
terminado. Socialmente los inversores sienten que amigos cercanos se
llenaron de plata, y se deciden movidas casi por euforia y no por análisis.
Y se llega al punto que los operadores expertos califican al momento
cambiándole una letra, en vez de llamarlo FOMO, lo denominan JOMO (Joy Of
Missing Out), que califica a los que entran como tontos que entran en algo
que no entienden, sin considerar que todo es un gran riesgo, porque todo cae
por dos factores: las subas fueron exóticas pero, fundamentalmente,
surgieron cientos de empresas o valores alternativos, clones, muchísimos más
baratos, algo que en la góndola podría describirse como "segundas marcas".
Y, por ejemplo, mucha gente dice "sí, yo usé ChatGPT un tiempo, pero luego
llegó Gemini y me fui. Y después de Gemini aparecieron Claude, Perplexity,
DeepSeek, Copilot, Llama, Grok... y la lista sigue. Esto indica que hay
muchos jugadores nuevos en el tablero, infinitos puntos sobre la recta, y
esta caída de 100 días puede parar, rebotar o seguir, nadie se anima a dar
precisión alguna.
2) La otra situación que está surgiendo, bien saludable por cierto, es que
vuelve a repetirse un término que también se repitió 100 veces desde que la
VOC (Vereenigde Oost-Indische Compagnie) conocida como la Compañía Holandesa
de las Indias Orientales inventó este negocio en 1602 en Ámsterdam. Lo que
vuelve a decirse es que, tras la gran burbuja, con todo pinchándose regresó
la hora de los plomeros, y esto se usa no solo en finanzas sino también en
la política. La frase no se refiere literalmente a que el mejor negocio de
hoy es arreglar tuberías (algo que siempre paga), sino a una metáfora sobre
el estado del mercado. Dicho de otro modo, los negocios financieros están
"atascados e inciertos", no fluyen. Todo parece una tubería obstruida: el
dinero no circula, las transacciones se detienen o el optimismo drenó. En
este escenario, los "plomeros" son los analistas, bancos centrales o
técnicos que deben intervenir para "destapar" el sistema y que el flujo (la
liquidez) vuelva a la normalidad. Y lo cierto es que ni la Fed, ni el BCE,
ni el BoJ o el BoE tienen la menor idea de cómo desarmar este gran embrollo.
Ante situaciones como las actuales la recomendación de los asesores es "huir
hacia la calidad", comprar valores que tengan calificación AAA, y no otra
cosa. Pero en la AAA del mundo, durante al menos medio siglo, estuvieron el
dólar y los bonos de la Reserva Federal de EE.UU., y en un año el dólar cayó
12% contra una canasta de monedas principales. Y los grandes bancos
centrales del mundo venden bonos de la Fed para comprar oro, pero el oro
ahora está en baja. Todos están girando, en un vórtice, tratando de subirse
a una balsa que siga a flote, pero ¿cuál? Y en estas situaciones, por
supuesto, sufre lo más riesgoso, a lo que se lo califica de tener "alto
beta". Esta forma de denominación define la volatilidad de lo débil. O sea,
lo riesgoso suben tres veces más cuando el resto sube, y cae tres veces más
cuando el resto baja.
¿Cómo está la Argentina ante este FOMO, JOMO o momento de los plomeros? Este
martes el INDEC difunde un IPC falso, que ya nadie respeta. Desde hace meses
la gente, a los gritos, criticaba a Marco Lavagna porque la inflación de su
bolsillo era el doble que la reconocida. Encima, además de anclar el dólar
(que está en el mismo lugar desde octubre, con una inflación acumulada del
13), el Gobierno de Milei ahoga a los salarios con paritarias del 1%
mensual. Según dicen las consultoras, el "IPC asimétrico" que se difundirá
el martes (rememorando la pesificación asimétrica con la que Duhalde nos
metió el POMO) daría 2,5% en enero y febrero viene con los alimentos
disparados y los servicios públicos todavía más arriba, lo que daría un IPC
simulado del 2,8% mensual. Y tenemos, además, en proceso, la reforma
laboral, a lo que se suma alguito de tensión por la CGT devaluada, que
primero iba a hacer un paro nacional de un día, luego de 12 horas, y ahora
hará una caminata de un ratito, desde el Congreso a la Casa Rosada.
Con todo eso, mientras a nivel local el dólar se pincha y la Bolsa de hunde
(ver informe aparte para suscriptores), a esta débil Argentina se le viene
un problema inesperado. Nosotros creemos que este no es un año electoral,
pero sí lo es. Dentro de exactamente nueve meses (el martes 3 de noviembre)
se concretará la elección de medio término en EE.UU., y muchos
norteamericanos están hartos de Trump. El histérico líder de la Casa Blanca
tiene hoy un nivel de aprobación del 40% y un rechazo del 58%. Si esto se
mantiene, de las bancas en juego en el Capitolio los demócratas se llevarían
el 55% y los republicanos apenas el 41%. Hoy la Cámara de Representantes
(Diputados para nosotros) tiene control republicano (218-214), y los modelos
de sondeo dicen que la gente de Trump puede perder unos 28 escaños, lo que
les devolvería el control a los demócratas. Y en el Senado hoy también hay
control republicano (53-47), y por vencimientos el escenario es más complejo
porque los republicanos tienen que defender 20 asientos frente a los 13 de
los demócratas.
Es decir, hay chances de que tanto la Cámara de Representantes como el
Senado de EE.UU. pueden pasar a ser dominadas por los demócratas y puede
iniciarse un juicio político contra Trump. No parece lo más probable que
haya una destitución, pero si la hubiera, ¿quién sería el más perjudicado?
Sin dudas, el que depende de un hilo muy delgado es el Presidente Milei.
Habrá que ver qué pasa en 2027 con Trump y con su secretario de Estado Scott
Bessent. ¿Habrá antes de la elección presidencial argentina de octubre del
año entrante dólares norteamericanos infinitos para enfrentar una nueva
corrida de los inversores, si es que el kirchnerismo llega con alguna
chance?
Obviamente, como dice el profe Juan Carlos De Pablo, no sabemos qué va a
pasar el viernes que viene, mucho menos podemos predecir qué ocurrirá en
2027. Pero sí sabemos que el caos geopolítico global continúa. Sabemos que
el dólar mundial se está debilitando. Sabemos que acabamos de firmar un
acuerdo comercial con EE.UU. que tiene casi más desventajas que ventajas.
Frente a todo esto, los consejeros de inversión (que viven de sus
comisiones) llaman a sus clientes y les avisan que "el mercado puede
permanecer irracional más tiempo que lo que aguante tu bolsillo".
Recomiendan comprar lo que tiene valor y está con cotizaciones muy
destruidas. En Argentina todo subió mucho, y se viene una gran pelea
política, incierta, por lo que de la cartera total aconsejan salir algo de
Argentina, pero sin prisa, manteniendo la calma, y recordando que la
paciencia paga. ¿Cuál es esa cartera posible? Veamos:
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