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Luis Varela

SABER INVERTIR
Edición en línea del miércoles 7 de enero de 2026
Autos: los consumidores festejan, pero la industria está en un barranco
Escribe LUIS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com
Luego
de gastar miles de millones de dólares en subsidios estatales para que la
Argentina tuviera un sector automotriz en la que trabajan unas 73.000 personas
(26.000 en las plantas y 47.000 en los autopartistas), el año 2025 termina con
los consumidores brindando y con la industria colocada en un barranco.
Por supuesto, la coyuntura no ayuda porque, así como toda la economía debe
enfrentar a la inteligencia artificial, el mundo automotor tiene un doble
desafío: competir con el desarrollo de elementos vinculados a la IA y, además,
enfrentar a una transformación mundial imparable, con la motorización eléctrica.
En todas partes las automotrices están haciendo equilibrio en una cuerda muy
delgada, ya que con una gran estrategia China se adelantó y tiene nada menos que
100 fábricas de autos que hacen autos eléctricos muy eficientes, con gran
tecnología y con precios para todos los gustos.
La aplanadora china, que llegó a tener gracias al subsidio estatal 500 fábricas
de autos en 2019, pero que hoy solo sobrevive la quinta parte, con marcas como
BYD, Geely, SAIC, GAC Aion, Xiaomi y NIO entre las más destacadas, reparten por
el mundo autos económicos con un precio promedio de 9000 dólares, gama media con
un promedio de 22000 dólares y gama alta con un valor de 60.000 dólares.
Por supuesto, esa oferta china deja completamente de costado a los autos armados
en la Argentina, donde los autos baratos valen en promedio unos 20.000 dólares,
la gama media unos 30.000 dólares y los vehículos considerados de lujo unos
55.000 dólares, todos tecnológicamente con muchas menos prestaciones que
unidades venidas desde el exterior, ya sea de China o de otros países más
desarrollados.
En este momento, la Argentina tiene un Gobierno como el de Javier Milei que está
preocupado por lograr la estabilidad (el fin de la inflación) con pura
competencia. Incluso en Europa el lobby de las automotrices ha logrado que
gobiernos de países líderes pongan barreras para frenar el ingreso de los
competitivos autos chinos, ya que con los precios y la tecnología llegados desde
el gigante asiático todas las automotrices de Occidente irían a la quiebra.
Frente a esto, la gran pregunta estructural que debe hacerse un analista está
ligada a qué hacer: ¿poner una barrera para subsidiar a las fábricas locales,
castigando a los consumidores, que deberían conformarse con unidades
tecnológicamente más atrasadas e inseguras?
¿Hay que proteger a la industria local o a los consumidores argentinos? ¿Dónde
debe estar puesto el ojo de la decisión del Estado? Las 73.000 personas que
trabajan en las automotrices, junto a sus familias, hacen que casi 300.000
argentinos vivan del sector. Esa cantidad de gente (en general ligada a gremios
como SMATA, la UOM y ASIMRA, significa menos que el 0,7% de los 47 millones de
argentinos.
¿Debe protegerse a ese 0,7% de la población para que el 99,3% restante se vea
obligado a comprar autos retrasados? Sin dudas, para muchos nacionalistas que
viven del folklore y piensan que la Argentina es un gran país solo si fabrica
autos, aviones, barcos o lo que sea, sin pensar cuál es el costo y el producto
conseguido, la decisión de no proteger es sumirnos en el retraso y en la falta
de futuro.
Pero hay que entender bien la proporción: ¿beneficiar al 0,7%, perjudicando al
99,3%, para que los que se lleven buen dinero sean 10 grandes empresas a costa
de que 47 millones de argentinos tengan vehículos anticuados? El auto es una
herramienta para desarrollarnos: movernos, viajar y hacerlo con seguridad. Los
autos no son el himno, no son la camiseta celeste y blanca. Tienen que servir
para vivir mejor.
Con todo esto, acaba de terminar un año 2025 en el que la venta de unidades tuvo
una gran resurrección (el patentamiento fue el mejor de los últimos siete años,
60% más alto que en el mandato de los Fernández y Massa, que aplicaron el
subsidio del "compre argentino"), la fabricación local se estancó (hoy de
produce 6% menos que en los cuatro años de peronismo kirchnerista), la
exportación también sufrió (se mandan al mundo 7% menos unidades que en el
período 2020-2023) y lo que explotó fue la importación (ya que aumentó 130%),
frente a autos nacionales no protegidos que contra el PJ-K aumentó solo 6%.
Frente al actual desafío de transformar los autos alimentados con combustibles
fósiles y convertirlos en autos eléctricos no hay hasta ahora un cierre masivo
de plantas locales, pero sí hay líneas de producción suspendidas, retiros
voluntarios de personal y empleados suspendidos o despedidos. La transformación
no será sencilla: se necesitará de inversión y esfuerzo para poder competir con
el mundo.
Seguramente, cada despido que aparezca en ese 0,7% de la población que vive del
mundo automotor local será levantado como una bandera para los nacionalistas que
desde hace un siglo condenan al liberalismo como si fuera el peor de los
pecados. ¿Se mantendrá esta decisión de tener una economía abierta, que aprenda,
se desarrolle y compita? La decisión saldrá de lo que vote en 2027 el 99,3% de
los consumidores que hoy viven el mejor momento en siete años.
Frente a esto, con datos de la Asociación de Fabricantes (ADEFA), la Asociación
de Concesionarios (ACARA) y de la Cámara de Comercio Automotor (CCA) entregamos
a continuación un detallado informe con los números precisos de ventas,
fabricación, exportaciones, importaciones, reparto de marcas, ranking de modelos
más vendidos y precios:
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