Luis Varela

SABER INVERTIR

Edición en línea del domingo 21 de junio de 2020

BANDERAZO EN DEFENSA DE LA ACTIVIDAD PRIVADA

 

Multitud desoída y omnipotencia unilateral

 

Escribe LUIS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com

 

Vicentín es una exportadora de granos. Hoy otras 58, posiblemente más. Los grandes, pequeños y medianos productores les llevan sus granos para que los venda. La entrega del dinero no es inmediata, la producción se deja en consignación, con los granos como moneda de pago, al cierre del ciclo, la empresa devuelve con dinero, equivalente en granos, para que los productores vivan, compren semilla y agroquímicos para la próxima siembra.

La empresa desarrolla su actividad desde 1929 en el norte de Santa Fe, muy cerca de Chaco. Su sede central está situada en la ciudad santafesina de Avellanada, una localidad que lleva su nombre por Nicolás Avellaneda, un tucumano que fue Presidente entre 1874 y 1880. Su nombre quedó en la historia, entre otras cosas, por haber acogido en el país a cuanto extranjero andaba por el mundo que quería buscar un lugar donde desarrollar su vida, su familia, sus negocios, su porvenir.

Por la hecatombe que sufre el país en el último tiempo (Gobierno Nacional en default, tipo de cambio múltiple con diferencia gigantesca entre el dólar real y el que se le paga a los exportadores, bajante del río Paraná y pandemia del corona virus), Vicentín entró en default. No le pagó a los productores que les llevaron su siembra. Y entró en convocatoria de acreedores. En la negociación manejada por un juez, como cientos de eventos administrativos de esa naturaleza, hay al menos tres empresas interesadas en comprarla (Allarína, Glencor y Carval). Si el trámite sigue su curso normal, una de esas tres empresas acordará con la firma, le pagará a los productores, y luego se iniciará un nuevo ciclo, en el que los que siembran y cosechan deberán decidir si siguen con la "nueva Vicentín" o si operan con alguna de las otras 58 exportadoras en curso. O sea, Vicentín es una caja vacía, a la que si los productores no vuelven: desaparece por sí misma.

El Estado (Nacional y Provincial) tiene tal nivel de gasto público que con urgencia necesita dólares para poder pagarle el sueldo a 3,7 millones de empleados (nacionales, provinciales y municipales). No consigue dólares porque ya nadie le presta. Y no puede seguir emitiendo pesos, porque la gente no los acepta, se van al dólar y eso lleva a una inflación muy alta. Además, entre los potenciales compradores de Vicentín, Carval, está un peronista de derecha que estuvo con Menem y quedó en la historia como un corrupto agarrado con las manos en la masa, y en su defensa dijo "robo para la corona".

 

 

La necesidad de dólares y la presencia de un peronista de derecha hizo que el peronismo kirchnerista se fuera a la banquina. Creyó que podía conseguir dólares frescos para ir soportando y la idea de que el peronismo de derecha avanzara un casillero los sacó de sus cabales, y le dio una orden directa al Presidente, que por su debilidad política de origen tuvo que cumplir al pie de la letra: se inició la expropiación de Vicentín, por decreto, una firma con más de 5.000 empleados y con una deuda de 1.350 millones de dólares (la cuarta parte se lo debe al Banco Nación, y buena parte de ese préstamo fue dado por el Presidente Macri, un mes antes de que los Fernández llegaran al poder).

De prepo, antes de que el Congreso debatiera el tema, con demoras, ya que en Diputados no había mayoría, el Presidente envió interventores, que fueron ampliamente rechazados en la población. Pero hubo una sorpresa inesperada: el juez resolvió quitar a los interventores del puesto, devolver la empresa a sus dueños, que los interventores queden como veedores, y que el proceso de concurso siga. El Presidente y el Gobernador Perotti, desesperados por dólares, se opusieron a eso: quieren que la empresa quede bajo dominio estatal, con o sin socios privados adentro.

Por supuesto, hace 15 días, la mayor parte de los argentinos jamás había oido hablar de Vicentín. Y hoy está en las tapas de los diarios y en los sitios web de todo el mundo. ¿Qué pasó? Ayer hubo un banderazo, en decenas de ciudades y pueblos de la argentina hubo una aglomeración de personas cantando el himno "libertad, libertad, libertad". No defendían a Vicentín, a nadie le importa la empresa. Defienden a la actividad privada sin intromisión del Estado.

 

 

Por supuesto, todas esas manifestaciones, que duraron horas, fueron cubiertas en directo por canales de television de todo el mundo: hasta cadenas de tv españolas, italianas e inglesas lo transmitieron. Por supuesto todos los canales de noticias locales también (los 23, sin excepción). Qué transmitió Canal 7, la televisión pública en ese momento: el partido de Argentina con Italia en el Mundial de futbol de 1990, con el que con gol de Caniggia pasamos a la final con Alemania.

 


Después de semejante manifestación, y tratando de mantener a la población con los "ojos bien cerrados", el Presidente dijo "No me preocupa el banderazo; es gente que está confundida". Si el juez rechaza el plan de Perotti, de hacer una empresa con mayoría estatal, "no queda otro camino" que expropiar.

Frente a esta manifiesta oposición de la población, el Presidente insiste con su omnipotencia unilateral. Está en el poder y no le importa lo que diga nadie. Recuerda a frases históricas como "no saben lo que hacen". Con esto, la situación argentina se parece bastante a lo que ocurrió con el imperio romano, que tuvo su esplendor con cinco emperadores entre los años 96 y 180 DC (Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pio y Marco Aurelio. Después los siguió un emperador cuyo nombre quedó en la historia como adjetivo, y que decretó la decadencia y desaparición de Roma como Imperio: Cómodo.

 


La omnipotencia unilateral que está intentando aplicar Alberto Fernández está generando una gigantesca desconfianza entre los argentinos. Su permanente intromisión y falta de avance con los temas está haciendo mucho más daño que el covid-19 y que la cuarentena misma. Frente a eso, funcionarios de nombre que participaron de los gobiernos de los últimos años le advirtieron que cambie de actitudo. Lo hizo Roberto Lavagna, lo hizo Domingo Cavallo. Y Eduardo Duhalde, que tomó al país ardiendo y se lo dejó a los Kirchner, le advirtió: "tené cuidado, tu nombre puede quedar en la historia como el de un fracasado".

 

Pulse      para volver a la pagina principal