Luis Varela

SABER INVERTIR

Edición en línea del Sábado 20 de diciembre de 2014

 

 

UN DATO CLAVE PARA LA PRODUCTIVIDAD DEL INVERSOR Y LAS EMPRESAS

 

Tránsito imposible: un caos que solo termina en multas

Escribe LUIS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com

MULTAS LABRADAS EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

(promedio mensual de cada año)

AÑO

por cámara electrónica

Manuales por agentes

Total

2010

120.923

28.382

149.305

2011

152.301

22.358

174.659

2012

177.029

45.186

222.215

2013

178.663

44.306

222.969

2014

144.066

48182

192.248

Juan B., casado, 58 años, tres hijos, un nieto, vive en la calle Hortiguera, a metros de Avelino Díaz, en Parque Chacabuco. Trabaja desde hace 26 años en Azcuénaga y Juncal.

Cuando inició sus tareas en la misma empresa gobernaba Alfonsín, pero Juan vivía en el mismo barrio, del otro lado del Parque, en Eva Perón y Achával, y con su Renault 12 vaqueteadito tardaba 27 minutos en llegar de su casa a su trabajo.

Hoy se defiende con un Sanderito, pero para llegar de su casa a su empleo demora 44 minutos, cuando le va bien: "Antes -dice- iba escuchando la radio, relajado, disfrutando. Ahora tengo que pelear con mil automovilistas desaforados que defienden cada centímetro como si fuera la vida. Y hay que esquivar bicisendas, fotomultas, piquetes y mil kilombos... ¿Qué nos pasó?", protesta.

Día a día, con picos de stress, escucha que la radio repite que "la inseguridad, la educación, la justicia, la corrupción y la burocracia" son los agobios que más preocupan a los porteños. Sin embargo, según una encuesta realizada por al Universidad de Buenos Aires, el segundo motivo de queja de los habitantes de la Ciudad, después de la inseguridad, es el tránsito, con traslados que se vuelven cada vez más tortuosos.

¿Qué cosas cambiaron tanto en un cuarto de siglo en la Ciudad como para transformar calles transitables en bloqueos de los que se puede zafar, con suerte, a paso hormiga?

El motivo principal, sin dudas, fue la explosión en la venta de autos. En la década del 90 se vendían en el país 380.000 autos por año. En la primera década de este siglo el despacho pasó a 650.000 unidades anuales. Y en las últimas cuatro temporadas se estuvieron colocando algo más de 800.000 vehículos año (con el 2014 algo más flojo).

El 40% de todos los autos vendidos se colocó en Capital Federal y Gran Buenos Aires. Antes en la Ciudad recibía el 20% de la venta total y ahora ese número no llega al 16%. Casi enteros, esos cuatro puntos de diferencia fueron trasladados a ventas en el conurbano bonaerense.

Pero como la crisis económica derrumbó a cientos de empresas poco competitivas, buena parte de las sobrevivientes son las que están en la entraña porteña, por lo que una gran cantidad de viajes terminan como en un embudo, pasándole cerca o raspando al nudo que hay en el Obelisco, en 9 de Julio y Corrientes.

Por todo eso, Juan B tarda 44 minutos en auto de Parque Chacabuco A Recoleta. Pero si se trata de una persona que vive en Quilmes o Acassuso, que trabaja en Belgrano o Flores y estudia en San Nicolás o Balvanera el tiempo de viaje puede estirarse hasta la hora y media de ida y otro tanto de vuelta, convirtiendo a la Ciudad de Buenos Aires en una jungla riesgosa, con productividad cada vez más escasa.

¿Pasa esto únicamente en Buenos Aires? ¿Hay que echarle la culpa del problema a los Kirchner y su política de reclamos sociales? ¿Tiene la culpa Macri, que comanda la Ciudad desde hace siete años, con algún Metrobús, cientos de bici sendas y escaso avance con el subte?

Un estudio de la empresa IBM analizó a 20 grandes centros urbanos mundiales, entre los que se encuentra Buenos Aires, para determinar el grado de dificultades vinculadas a los conflictos de tránsito. En ese estudio fueron entrevistadas 8192 personas, de las cuales 401 fueron porteños, y el resultado ubicó a Buenos Aires entre las ocho peores ciudades del mundo con más dificultades para trasladarse.

La peor de todas es la china Beijing, segunda está Ciudad de México y tercera la sudafricana Johannesburgo, esas tres completan el pésimo podio. En los puestos siguientes están Moscú, Nueva Delhi, San Pablo y octava Buenos Aires. En tanto que Madrid y Londres completan el top ten.

A principios de este siglo entraban a la Ciudad unos 750.000 autos por día, en este momento está entrando un millón y medio de unidades y se estima que para el final de esta década estarán ingresando dos millones de vehículos. La batalla no es menor: se las tienen que ver con 38.000 taxis, 7.000 remises, 9.900 colectivos, 520.000 motos y 60.000 camiones.

Para contrarrestar semejante aluvión de vehículos motorizados, la estrategia principal de los responsables de diseñar el tránsito porteño fue armar un par de corredores de metro bus para los colectivos. Y se decidió bloquear un sinnúmero de arterias con bicisendas que empiezan a transformar el modo de traslado de una parte de los porteños, pero que para los automovilistas en muchos casos terminan siendo una complicación.

Fueron dejadas de lado iniciativas drásticas como las tomadas por el aeronáutico brigadier Osvaldo Cacciatore, quien durante la dictadura de los ochenta abrió autopistas y ensanchó avenidas (Independencia, San Juan, Juan de Garay, Jujuy, Brasil y Caseros) como soluciones posibles para permitir una circulación de vehículos más fluida.

Ahora, con una pelea política interminable entre el kirchnerismo y el macrismo, está dándose lentamente las últimas puntadas a la autopista ribereña, que vinculará las Autopistas Illia y La Plata, con un viaducto soterrado que irá debajo de los docks de Puerto Madero, en una movida que -se supone- aliviará buena parte del caos que debe atravesar el Paseo Colón, Alem y la 9 de julio para ir desde Constitución hasta Palermo.

O sea, los sufrientes habitantes de la ciudad estamos transitando a través de siete años de peleas entre los K y los PRO, en una disputa interminable, en la que los semáforos porteños se quedaron sin onda verde. Porque ahora, sin que nadie pueda dar una explicación, en muchas arterias la luz verde no se va abriendo de manera sincronizada, abriéndole el paso al tránsito, sino que las luces vienen en dirección contraria, como si se tratara de una siniestra onda roja, digitada por una malévola pelea política, que provoca que miles de choferes se acuerden todo el tiempo de Alicia Blanco Villegas (la mamá de Mauricio) o de Ofelia Wilhelm (la mamá de Cristina).

Del otro lado de todo este caos, hay que decirlo, sobrevuela entre todos los dueños de los autos embotellados la cruel sospecha de que esta trabazón en el tránsito es generada a propósito, para que se multiplique la cantidad de dinero que se cobra en multas.

Porque, debe decirse, ni Cristina, ni Mauricio, abrieron ninguna Autopista Ricchieri, ninguna General Paz, ni ninguna Perito Moreno o 25 de mayo. Pero si se encargaron de cobrar, en promedio, 150.000 multas por mes en 2010, 175.000 en 2011, 222.000 en 2012, casi 223.000 en 2013 y 192.000 infracciones mensuales en 2014, un número que este año viene más blando ¿será porque se viene la campaña electoral?

En todo caso, la disminución de multas de este año obedece a una fuerte reducción en las multas que se toman a través de cámaras electrónicas: en 2013 ese tipo de dispositivo captó 178.663 multas por mes y en 2014 viene captando 144.066 multas mensuales. En cambio, las multas manuales, tomadas por agentes de tránsito, siguen creciendo: eran 22.358 multas por mes en 2011, 44.306 en 2013 y 48.182 multas mensuales en 2014.

Todos estos operativos no están sirviendo para mejorar el tránsito y tienen escaso beneficio en cuanto a la seguridad. Según Jota Leonetti, especialista en accidentes viales y director de "controldetransito.com.ar", en 2013 hubo 86 muertos por accidentes viales en la Ciudad de Buenos Aires.

Generador de la campaña de seguridad vial de fin de año en pos de una conducción más responsable, Leonetti puntualiza que "de los 86 muertos del año pasado, 41 fueron peatones. Más del 75% de los siniestros con víctimas fatales se produjo en una esquina. Es decir, el peatón es el actor más vulnerable del tránsito y la situación de mayor riesgo se encuentra en las esquinas, cuando los vehículos giran a una velocidad inadecuada y no frenan ante la presencia de un peatón".

Por supuesto, los gobernantes no tienen la culpa de todo (además, los elegimos nosotros). Sobre el total de multas realizadas, el 49,9% fue por mal estacionamiento, muchas veces en doble fila, ocasionando tapones imposibles para el tránsito. El 12,3% de las infracciones se originó por usar el celular manejando (probablemente para avisar que se está llegando tarde). El 10,4% fue por pasar con luz roja, en general con decisiones tomadas por choferes hartos de esperar. Y luego 3,3% por no usar cinturón, 2,3% por no cumplir la indicación de la autoridad y el 2,1% por no usar casco.

¿Cuánto dinero se lleva el Fisco porteño para castigar a cientos de miles de automovilistas que están atrapados en una maraña de tránsito?

Hay tres tipos de infracciones, electrónicas,  manuales y últimamente las denunciadas por vecinos a través de fotos con los celulares (esta modalidad es muy reciente y todavía no hay datos fehacientes). En 10 meses de 2014 (última estadística) se cobraron 1.922.479 multas, de las cuales 25% fueron manuales (realizada por los agentes de tránsito) y 75% por cámaras fotográficas instaladas en las calles por el Gobierno.

¿Cuánto se cobra por cada multa? En setiembre el valor de las multas fue subido 21% (en marzo de 2015 se modificará de nuevo, ajustado por el precio de la nafta de mayor octanaje en el Automóvil Club). Por pasar un semáforo rojo se paga entre 1.920 y 9.600 pesos, por exceso de velocidad entre 960 y 25.600 pesos. Por estacionamiento indebido desde 640 hasta 1.280 pesos. Por no usar el cinturón o usar el celular 640 pesos y por no usar casco 1.280.

Los multados que realicen pago voluntario, deberán pagar la mitad de la multa. De acuerdo a los porcentajes difundidos, y calculando que la mitad de la gente realiza pago voluntario, las arcas públicas se llevarán de los automovilistas embotellados unos 1.100 millones de pesos por pasar semáforos en rojo, 850 millones por mal estacionamiento, 550 millones por no cumplir con las indicaciones de la autoridad, 140 millones por usar el celular, 45 millones por no usar casco y 35 millones por no usar el cinturón, además de otras infracciones por una suma superior a la de los semáforos.

Cálculos privados ubican al total de multas arriba de 4.500 millones de pesos anuales. ¿Quién rinde cuentas por esta recaudación? ¿Cómo se gasta? ¿Sirve para diseñar nuevos viaductos, espacios para viajar con más tranquilidad, en paz, sin tantos contratiempos? ¿Usted qué cree?

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