Luis Varela

SABER INVERTIR

Edición en línea del Domingo 11 de enero de 2026

 

 

 

CON ACCIONES Y BONOS SIN REACCIÓN, LOS BANCOS SUBEN LAS TASAS PARA QUE LOS INVERSORES NO SE VAYAN EL DÓLAR INTERVENIDO

La inflación sigue viva: el pass through no ha muerto

 

Escribe LUIS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com

A lo largo de los últimos días los dos temas que más se colocaron durante nuestras narices fueron la intromisión de EE.UU. en el interminable drama de Venezuela y todo lo que giró en torno al grueso pago de deuda en dólares que tuvo que hacer la Argentina.

Por supuesto, las dos condiciones fueron ciertamente importantes, pero no debe dejar de remarcarse que fueron generadas como efectos secundarios, de otros problemas principales que permanecen en desarrollo.

Obviamente, Trump no sacó a Maduro de Caracas porque tuviera la intención de devolverle la libertad a los venezolanos: lo hizo porque tiene un grave problema en la economía norteamericana, con alto déficit fiscal, notable deuda e inflación resistente, y requiere de petróleo abundante para abaratar la gasolina y usarla como pivote para reimpulsar una nación con problemas estructurales.

Y la Argentina tuvo tantas vueltas para conseguir algunos dólares porque las inversiones no vienen, la economía real no funciona, la desconfianza provocó hasta octubre la mayor corrida cambiaria de la historia, el dólar subió 30% en 90 días y el traslado a precios, conocido como pass through, sigue vivo, no se rinde.

Para afrontar la problemática norteamericana, Donald Trump viene tomando medidas que alteraron a todo el planeta, como la cuestión de los aranceles y ahora, como último paso en falso hizo la extracción de Maduro, algo que fue calificado por el mismísimo The New York Times como "ilegal e imprudente".

Por supuesto, las decisiones de la Casa Blanca siguen provocando un dominó de reacciones en un sinnúmero de valores financieros, alterando fundamentalmente los precios de las materias primas, y eso vuelve a despertar la problemática inflacionaria global.

En la última semana, a contramano de como venían, las tasas largas de EE.UU. abandonaron la tendencia bajista, que las habría llevado pronto a la confortable zona del 3% anual. En promedio volvieron a colocarse arriba del 4% (3,5% la más corta a 1 año y 4,8% la más larga a 30 años), y eso generó una pausa en la devaluación global que tuvo el dólar en todo 2025, año en el que cayó 8% contra una canasta de monedas principales.

Este encarecimiento temporal de tasas norteamericanas en la apertura de 2026 frenó algo el bajón internacional del dólar. En la última semana el billete verde subió 1,1% contra el franco suizo, 0,8% contra el euro, 0,7% contra el yen y 0,4% contra la libra y el mexicano, aunque siguió bajando 0,2% en China, 0,9% en Brasil y 1,3% en Chile, que vive su gran momento por la vuelta de la derecha y por el fulgor actual de los metales.

Y mientras el dólar global hizo la "U", el mercado cambiario argentino enfrenta un momento en el que el equipo económico hace de todo para que el dólar vuelva a quedar anclado y que el resurgimiento de la inflación, que se inició en mayo no vuelva a incendiar las cosas.

Muy lejos de la ficción que quiso mostrar Luis Caputo, Pablo Quirno y todo su equipo en el streaming Carajo del Gordo Dan, cuando en agosto pasado, en plena corrida del dólar, de 1150 a 1500 pesos se mofaron de los mandriles que advertían el problema diciendo a coro y en voz muy sonora: "flotaaaaaaaaaa".

Pero, se sabe, el dólar no flotaba, estaba pegando un salto fenomenal porque los ahorristas estaban sumergidos en la dolarización más grande de toda la historia: compraron nada menos que u$s 25.000 M en pocos meses, y la Argentina no volcó otra vez porque apareció Trump, con el secretario del Tesoro Bessent, que salvaron las papas, vendiendo dólares a cambio de pesos, algo jamás visto en la historia.

¿Por qué hizo esa movida EE.UU.? Sin lugar a dudas no fue inocente o amigable. Fue por intereses. China estaba logrando cada vez más influencia en la región y Washington no podía permitir que el peronismo kirchnerista volviera a colocarse al mando de la Casa Rosada.

La cuestión es que a pesar del insólito respaldo del tío Bessent el IPC, que había bajado en mayo de 2025 al 1,5% luego del rebote en forma de "V" que tuvo la economía entre agosto de 2024 y febrero de 2025, la inflación (que siempre se mueve con rezago) volvió a despertarse.

Hoy, más que por la deuda (en dólares o en pesos) el equipo económico está nervioso porque las consultoras anticiparon para diciembre un IPC de entre 2,5 y 2,6%, algo que será confirmado, o no, este martes a las 16 horas por el INDEC. Y el tema no es sencillo, porque se acaba de reformar el sistema cambiario, con las bandas ajustando no ya al 1% mensual, sino IPC-2: es decir el techo subirá 2,5% este mes y algo parecido o quizás más en febrero.

En medio de todo esto, con información bastante opaca, hay un doble juego entre el Tesoro y el BCRA para frenar el precio contado del dólar y mostrar que Reconquista 266 está sumando reservas. Operan con Letras en pesos atadas al dólar link y venden dólares en el contado (spot). Así, anclan nuevamente al dólar, con la idea de aplacar nuevamente la inflación.

Pero desde el 1,5% del IPC de mayo, la Ciudad de Buenos Aires ya midió que el IPC de CABA en diciembre fue del 2,7%. Por esta razón, el techo de la banda irá de 1.526,60 pesos en el cierre de diciembre a pesos en el cierre de enero. Y probablemente alcanzará los 1605 pesos para fines de febrero.

Así, con operadores y analistas convencidos de que el programa cambiario volverá a cambiar antes de que termine el año, ya que con este dólar el BCRA no podrá comprar los u$s 10.000 M que necesita como para ir cumpliendo con la deuda si el mercado mundial de capitales sigue cerrado, el equipo económico insiste con lo mismo: barre el corto plazo, sin limpiar realmente, ocultando basura más cara debajo de la alfombra.

Por eso, mientras se tomó el REPO por u$s 3000 M pagando una tasa del 7,4% anual con seis bancos (Santander, BBVA, Deutsche Bank, JP Morgan, Goldman Sachs y el Banco de China), pagando en el medio u$s 4250 M por cupones y amortización de Globales y Bonares, el BCRA mostró en la semana que logró subir reservas por u$s 1.300 M.

Y, con esas compras y ventas de dólares simultáneas, en un mercado de capitales argentino mínimo, lograron que en la foto actual el dólar quedara congelado: en la semana el contado con liqui bajó 0,7%, el mep achicó 0,9% y el blue descendió 1,6%. Tanto que en este momento el ccl está a 1535 pesos, a apenas 3 pesos de los 1538 pesos del techo de la banda, con el blue en 1505 pesos y el mep a 1492 pesos, pero todos muy al filo, a menos del 3% del techo.

La cuestión es que la inflación sigue, los niveles de consumo locales siguen aplastados, los indicadores de la industria y la construcción siguen aplastados y con los argentinos sufriendo bolsillos vacíos muestran que para ser clase media hay que ganar $ 2.128.462 en el mes y para estar entre la clase alta o media alta se deben recibir al menos $ 6.811.078 mensuales.

Con todo esto, el gran tema del momento no es el pago de la deuda o el acceso al mercado de capitales, sino el cierre de empresas, las suspensiones o los despidos. Y eso está generando inquietud entre los inversores con dinero en los bancos, al punto que las entidades también tuvieron que girar sobre sus talones y luego de bajar tasas de 90 a 30% anual entre agosto y diciembre, las acaban de subir al 39%.

Para que los pesos se sigan quedando en los bancos y no se vayan al dólar, la tasa de los plazos fijos tuvo que subir. Por plata chica había bajado hasta el 23,5% anual y ahora está a 24,7%, mientras que por plata grande (dinero de las empresas) rebotó del 30 al 39%. Y esto va en línea con la expectativa de inflación de 2026, que el Gobierno la había imaginado en el Presupuesto en apenas 10% anual para toda esta temporada, pero con el último REM estimándola en 20%, con consultoras que la esperan en 24%.

Esto provoca inquietud entre los inversores, ya que los analistas están convencidos de que Caputo volverá a alterar la política cambiaria este año no electoral para entrar a 2027 con más fuerza, en un año en el que se pondrá en juego el verdadero joystick, es decir el control del Poder Ejecutivo. Y el premio para quedarse en pesos es muy finito: si la inflación es efectivamente del 24%, los plazos fijos chicos reciben apenas 24,7% y la plata grande consigue 38,6%. Cuando Lula, en Brasil, con una inflación anual del 4,26% paga tasas del 15% para que la gente se quede en reales.

De ahí que, desde fines de 2024, con una venta masiva de u$s 30.000 M de parte del Banco do Brasil, Lula haya conseguido bajar al dólar de 6,20 a 5,37 reales, y se prepare para entrar al "rush electoral final" con "reais doces para todos" en la Presidencial del 4 de octubre, dentro de menos de 9 meses.

Aquí, de momento, con tasas que no son tan positivas como en Brasil, los stocks de pesos y dólares que hay en los bancos siguen muy firmes. El stock total de los depósitos en pesos acaba de saltar en $ 6 B, de $ 68,5 B a $ 74,5 B. Y el stock total de depósitos en dólares pasó de u$s 36.000 M a u$s 37.140 M, según el dato oficial del BCRA, al miércoles 7 de enero.

¿Qué se presenta entonces para los inversores con todo este cuadro de situación? Por supuesto que, con la presente aceleración inflacionaria, uno de los canales que resucitó temporalmente es el de los plazos fijos UVA, que pagan inflación más 1% anual, que inmoviliza el dinero por 90 días.

Y lo que sorprendió para este momento, completamente a contramano de lo que había sucedido en enero del año pasado, es que los títulos argentinos no entraron en un rally alcista. Esta semana, a pesar del pago de u$s 4250 M por la deuda en dólares, los bonos reaccionaron tibiamente: tuvieron una suba de apenas 0,6%, por lo que el riesgo país se mantuvo en 566 puntos básicos, es decir en el mismo nivel que tiene desde hace más de tres semanas.

Y la falta de reacción no fue solo con los bonos: también hubo apatía con las acciones argentinas. Mientras las Bolsas del mundo siguen marcando récords insólitos (para muchos analistas, atados con alambre), el mercado bursátil local quedando como furgón de cola de todo el movimiento de papeles privados.

Colgada de la vuelta de un Presidente de derecha y con los metales (preciosos y básicos) colocados en la cumbre del arranque de 2026, la Bolsa de Santiago de Chile es la que más sube en lo que va del año, ya que gana 4,8%, incluso con el dólar bajando de 10,02 a 8,92 chilenos. Detrás de Chile, la Bolsa de Tokio gana 3,2% en el primer tercio de enero, México 3%, Frankfurt 2,9%, el Dow de NY 2,4%, el Nasdaq de NY 1,9%, San Pablo avanzando 1,8% y Madrid mejorando 0,9%. ´

¿Qué pasó con la Bolsa de Buenos Aires? En enero sube 0,5% medida en dólares, pero baja 1,2% medida en pesos, con los inversores mirando para otra parte porque las empresas locales no venden, suspenden líneas de producción y despiden gente. No pueden competir con este dólar y estos impuestos. Y el Gobierno tiene otra prioridad: enfriar la inflación, por lo que el dólar puede esperar.

A nivel global, con las locuras de Trump en marcha, los metales están encabezando todo el movimiento: el níquel sube 5,6%, el aluminio gana 5,4%, el oro 3,1%, la onza de plata 2,8% y el cobre 2,7%. Un escalón debajo de los metales está el bitcoin que sube 2,6% con el resto de las criptomonedas detrás. Lejos de ese pelotón, a pesar de la invasión a Venezuela, el petróleo sube 1,6%. Y lo que quedó atrás de todo fueron los granos: en Rosario el sorgo sube 1,7%, mientras que el trigo y el maíz avanzan 0,5%, pero la soja cede 0,3% (mientras sube 0,3% en Chicago) y el girasol quedó mucho más abajo, con un descenso del 3,5% en el puerto de Santa Fe.

A todo esto, no hay que olvidar que desde el arranque de enero quedaron libres unos u$s 20.000 M procedentes del blanqueo de 2024 y de las cuentas CERA. El pago de los bonos terminará de entrar a las cuentas de los bonistas entre lunes y martes. Pero por ahora todo ese dinero no fue ni a los bonos, ni a la bolsa. Y no terminó en el dólar porque Caputo está vendiendo contado y comprando futuro.

Pero, además, para que todo ese capital no se escapara, ocurrió otra movida con pocos antecedentes en la Argentina: los bancos subieron la tasa de los plazos fijos en dólares. Hay entidades grandes que pagan entre 4,8 y 5,3% anual por plazos fijos en moneda norteamericana, con la condición de que el depósito quede inmovilizado un año.

Esta propuesta aparece como interesante para inversores conservadores argentinos que se debaten desde hace años entre plazos fijos en pesos o dólares en el colchón. Y los que deciden esta apuesta deben recordar que en las últimas dos temporadas hubo enormes diferencias entre el dólar oficial y la inflación, con una brecha cambiaria que además en este momento tiende a 0%.

Debe recordarse que, para frenar la generalizada suba de los precios, Caputo intervino y en 2024 la inflación anual fue del 118%, mientras que el dólar oficial subió apenas 25% y el blue sólo 20%. Y en 2025 la inflación estará en la zona del 31,5% anual, mientras que el dólar oficial subió 40% y el blue 25%.

Con este marco, los inversores más sofisticados, que buscan sacarle el máximo jugo posible al corto plazo, sin quedar atados, es decir con chances de poder su capital pronto, se siguen metiendo en fondos de inversión money market o fondos de inversión en Lecap T+1. Logran tasas parecidas a los de los plazos fijos, sin tener que quedarse engrampados 30 días, y quedan con el dinero disponible para moverlo ni bien se presente una señal que aclare hacia dónde van las cosas.

Por supuesto, la gran pregunta que recorre los escritores de los asesores de inversión está ligada a dos temas: qué harán los que blanquearon dinero con los u$s 20.000 M libres y qué decisión tomarán los bonistas que acaban de recibir los dólares pagados por los Bonares y los Globales. En este sentido, el consenso estima que gran parte de los bonistas optará por usar los dólares para invertirlos en los mismos títulos que ya tienen en cartera, con pocos decidiendo otras inversiones dentro y fuera del mercado de capitales.

Pero atención que, con gran riesgo, los bonos argentinos ya no prometen a vencimiento tanta renta como prometían antes, cuando el país estaba al borde de otro default. Con los Fernández y Massa el precio de los bonos había caído tanto que la tasa a vencimiento superaba el 50% anual, con un riesgo país que trepaba hasta 2700 puntos básicos.

Hoy, con el riesgo suspendido en la zona de los 566 puntos, los Bonares (ley argentina) tienen una TIR que va del 9,5 a 11,1% anual, mientras que los Globales (ley NY) están con una TIR de entre 7,5 y 10% anual. Los más cortos se pueden comprar con paridades que están entre 85% y 91%, mientras que los más largos se consiguen en el mercado secundario con paridades de entre 70 y 80%.

Sin dudas, invertir en bonos es una de las formas más seguras de proteger el capital con el paso del tiempo. Sin embargo, puede resultar algo complejo saber cuáles escoger y cómo operarlos. Por esta razón, son cada vez más populares los fondos de bonos. Invertir en esos nichos, en lugar de comprar títulos de manera directa puede ofrecer varias ventajas, especialmente para inversores que buscan eficiencia, diversificación y una gestión más sencilla del riesgo. Los fondos permiten entrar y salir con mayor facilidad, ya que las cuotas partes suelen rescatarse a valor diario, evitando la necesidad de negociar cada bono en forma individual.

¿Cuál es la mejor estrategia para este complicado momento, ahora con viento internacional en contra? A continuación, detallamos el portafolios que más están recomendando los especialistas:

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