Luis Varela

SABER INVERTIR

Edición en línea del Martes 28 de junio de 2016

 

 

LA HISTORIA VUELVE A REPETIRSE: LLEGAN LOS FIDEICOMISOS FINANCIEROS

 

Los inversores buscan más tasa: quieren sacarle jugo a las piedras

Escribe LUÍS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com 

Sin lugar a ninguna duda, gracias al acuerdo con holdouts y a la eliminación del cepo cambiario, la evolución de la deuda (el valor de los bonos argentinos) fue la vedette, la principal creación de valor, desde la salida del kirchnerismo hasta el ingreso de Cambiemos.

Medido en términos promedio, el valor contado de los títulos públicos nacionales creció 10% en dólares en los primeros seis meses con Macri como Presidente. Por supuesto no todos tuvieron la misma suerte. Hubo casos como los bonos PARP, DICP O BDC19, que subieron entre 18 y 26%, y otros como los títulos NF18, AM17 O AL16, cuyos precios no solo no subieron, sino que bajaron hasta casi 7%.

Pero refiriéndonos al tema como un fenómeno general vemos que la tasa a vencimiento (diferencia entre el valor contado y el valor de pago final), que hace dos años estaba en el 12% anual (el mismo nivel que hoy sufre el mercado brasileño), pasó al 10% en momento del balotaje entre Macri y Scioli y justamente esta misma semana acaba de quebrar hacia abajo la barrera del 7% anual, ubicándose en el 6,94% en las últimas horas.

Esta baja en la tasa larga, que permite tener un riesgo país cada vez más razonable (está por quebrar hacia abajo los 500 puntos básicos, no lo hace más rápido porque Macri, los gobernadores y los municipios emiten deuda a dos manos, en los últimos dos meses hubo emisiones por 24.000 millones de dólares de deuda nueva), empieza generar efectos secundarios, la mayoría de los cuales son elementos positivos y beneficiosos, pero algunos empiezan a sobresalir, por los niveles de riesgo que representan.

¿De qué estamos hablando? Lo primero que debemos decir es que esta ebullición de los bonos que se ve en estos días y esta consecuente baja en la tasa a vencimiento no es la primera vez que sucede. Ya ocurrió en numerosas oportunidades en la historia argentina. Cada vez que entra un gobierno nuevo, actúa como escoba nueva que barre bien, pero por cuestiones políticas no hace las cosas que debería hacer, y al final el movimiento se frustra, la deuda nos se puede pagar, y los precios de los bonos se vuelven a derrumbar.

¿Qué está ocurriendo en este momento? Este movimiento esta registrando el segundo pulso que siempre se vive en este tipo de procesos. El primero es al suba de los “precios contado”, y la baja de la tasa a vencimiento. Y el segundo tiene que ver con las decisiones de los inversores: como las tasas empiezan a ser cada vez más bajas y menos positivas contra la inflación, comienzan a salir de las posiciones más seguras y se van corriendo hacia posiciones más riesgosas.

¿De qué se trata esto? Simple: desde mediados del año pasado, cuando el juez Griesa iba poniendo en caja al Gobierno argentino, cada vez más inversores se fueron subiendo a la compra de bonos nacionales (de ahí la gran suba de los precios contado). Luego, en los primeros meses de este año comenzó la compra de bonos provinciales y municipales y corporativos, más riesgosos que los títulos del gobierno central. Allí pudo verse el florecimiento de bonos de las provincias de Buenos Aires, Neuquén, Mendoza, Chubut, Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires. Y no solo emitieron los Gobiernos, también hay emisiones de los privados: IRSA, YPF, Cablevisión y otras estuvieron emitiendo Obligaciones Negociables, y con tasas a vencimiento bastante bajas, tipo 6,5% anual, impensadas hace un tiempo.

Y ahora la moda de los inversores de punta es montarse encima de los fideicomisos financieros. Aunque también están en auge los fondos de inversión con ultraliquidez, mecanismos que permiten entrar y salir con decisiones cortas, inferiores a 30 días, para sacarle todo el jugo posible al dinero de caja, que no puede esperar el plazo mínimo de los plazos fijos.

Frente a este nuevo pulso, que se repite en la Argentina cada seis o siete años, cientos de inversores novatos se acercan a preguntar: ¿me podés explicar qué es un fideicomiso financiero? ¿Cuánto rinde? ¿Qué riesgo tiene? Para explicar este más riesgos instrumento de inversión debe decirse que la forma que tiene una compañía de financiarse y obtener fondos en el mercado de capitales son tres: cheques de pago diferido (si califica como PYME ante CNV, algo que tiene muy poca liquidez, por lo que se opera muy poco, son para PYMES que operan menos de 500 millones de pesos al año, es muy chico), emitir una obligación negociable (una especie de bono o pagaré, con una tasa de interés fija o ajustable, y con vencimiento concreto) o realizar un fideicomiso financiero (FF).

¿Qué es un FF? Veamos: En el mercado hay un gran número de empresas que venden productos a crédito a mucha gente, como por ejemplo Frávega, Megatone, Riveiro, Rodó, Garbarino, las Tarjetas Nevada, Cuyana, Shopping, etc. etc. Estas compañías le venden a crédito a muchísimas personas. Venden productos, televisores, heladeras, celulares, lo que sea... en muchísimas cuotas. Esas empresas no se quedan con esos créditos, los sacan del balance (algo que está prohibido en otros mercados) y los venden como un paquete conjunto al mercado: se dan por ejemplo 2000 créditos en una quincena, otros 2000 en la quincena siguiente, haciéndose una rueda, todo administrado por un fiduciario.

Este mercado de los FF mueve unos 2.000 millones de pesos por semana. Según normas internacionales muchas de estas empresas, que sacan esas deudas de sus balances, estarían quebradas, pero en este mercado se permite y por eso pueden seguir funcionando. ¿Cuál es el tema? Hay, por ejemplo, 2.000 personas que te piden dinero para comprar un televisor, la empresa empaqueta esos créditos y los vende en el mercado. Y el riesgo de no pago es muy bajo, porque está repartido entre miles de deudores, que tienen como garantía el bien que compraron. Es una deuda muy diversificada. Tendría que haber algo sistemático, muy grande, para que toda esa gente no pague. Y, por si fuera poco, la rueda crece, ya que los pagan las cuotas siguen atados a las empresas vendedoras, y al ir a pagar reciben nuevas ofertas para seguir comprando, seguir endeudándose y manteniendo la cadena...

La mayoría de estos FF evolucionan según tasa variable (Badlar), que es la tasa que paga el sistema a depósitos más grandes, más una sobretasa de 3 o 4 puntos, y tienen una duración de unos 90 días. La Badlar está hoy en el 29,3% y los FF están pagando tasas del orden del 33% anual. De esta manera debe decirse que estos FF están rindiendo con tasas a vencimiento que superan a lo que pagan las Lebac del mismo plazo. Hoy la Lebac más corta paga 31,5% anual, pero la Lebac a tres meses está pagando 29,5%.

¿Cómo se entra en este mercado? Los FF operan con mercado secundario. O sea, se pueden comprar en la emisión o comprarlos en el mercado extrabursátil, por lo que se puede entrar al principio y al final, o se puede entrar o salir en el medio de los 90 días. Se compran a través de bancos o de operadores de Bolsa. En general se opera en tramos no competitivos con inversiones del orden de los 50.000 pesos, pero también se pueden comprar fichas mínimas de 1.000 pesos.

Quienes se animen a entrar en esta fruta con buen jugo deben entender que hay un riesgo. Como estas empresas hacen un rulo cada dos semanas, puede pasar que la gente se atrase en los pagos, por despidos u otros problemas, que la gente postergue pagos, y que la compañía se quede sin secuencia, y al no tener más créditos para vender se puede cortar la cadena. Ha pasado, alguna de las tarjetas tuvo problemas últimamente.

Repetimos, no es la primera vez que este tipo de procesos toma su auge. Durante el menemismo ocurrió, y al principio de los kirchner también. Y no solo con empresas que buscaban recuperar sus ventas en cuotas casi de inmediato. También florecieron los FF de bancos para recuperar los créditos hipotecarios sin esperar años, de productores agropecuarios para conseguir financiamiento para la cosecha, en contratos de leasing, en lo que fuera. Todo para aprovechar un instrumento financiero que por seguridad, practicidad, elasticidad y rendimientos se convierte cada tanto en una de las estrellas del mundo de las finanzas.

Seguramente, ahora y en los próximos meses, con la apertura actual de los mercados, este tipo de industria financiera irá creciendo, pero hay algunas luces amarillas que los inversores tienen que advertir, para saber entrar en este momento que los rendimientos son altos y bastante seguros, pero con la condición de estar listos para saber salir (ya le decía Menotti a Passarella: "Para poder entrar hay que saber salir").

Debe advertirse que hasta unos diez días cientos de miles de inversores del mundo se apuraban por prestarle dinero a la Argentina, alentados por el cambio de posición política del país, más amigable con las reglas de oferta y demanda del capitalismo. Pero en junio ocurrió algo: copio lo dicho por un operador de Manhattan: "Macri ya mostró la hilacha peronista de los Gobiernos argentinos, no puede achicar el gasto, la presión sindical no lo deja, se peroniza, no wayyyy".

De hecho, la provincia de Salta, un poco demorada, ya quiso colocar dos veces un bonito pequeño por apenas 350 millones de dólares, y tuvo que suspender la emisión por verse obligada a pagar tasas más altas que las provincias vecinas. Dicho de otro modo, la ventanilla financiera, que se abría a dos manos, con la peronización se entorna otro poco de nuevo.

Y ese no es el único dato. Emulando a los que toman mate, y están habituados a mirar con gran atención las burbujas que se forman en el agua en el borde de la olla para que el agua no hierva y que luego no queme el mate, los tomadores de riesgo están empezando a ver otra luz amarilla que se acaba de encender a principios de este mismo mes, de manera muy intermitente.

Según e Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea la cantidad de cheques rechazados acaba de subir a un nivel máximo desde 2003. "Esta suba -dijo el IERAL- estuvo motorizada principalmente por los malos datos de abril, cuando los montos rechazados representaron el 6% del total compensado". Sin embargo, aclararon que verificaron "un positivo índice de recupero de cheques rechazados". Es decir, si se analizan los montos rechazados y finalmente no cobrados el cociente se mantiene en 1,2%, estable respecto de 2015.

¿Qué está ocurriendo? La fuerte suba de tarifas y el importante proceso inflacionario con caída en las ventas está complicando mucho a un sinnúmero de pymes que tienen dificultades para cumplir con sus compromisos. Esto es normal cuando un mercado se mueve según las reglas de la oferta y la demanda: para cumplir con un pago hay que vender, no hay un Estado benefactor que provee dinero sin fin para abastecer una actividad que no logra ser aceptada por la gente.

Porque en este punto, y como remate de toda esta idea, es bueno recordar algunas de las máximas de grandes inversores. Primero, no se saca jugo de las piedras. Y segundo, las inversiones en manada que surgen a través de internet brillan por poco tiempo, benefician a los más rápido y la ganancia es pagada por la pérdida de los que entran tarde. De allí que cuando entrevisté a un gran inversor en estos días, le pregunté: ¿Dónde andás? No estoy en Buenos Aires, estoy en zona cordillerana, comprando árboles jovenes, los voy a poner en venta en dos años, con la mejor tasa del mercado.

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