Luis Varela

SABER INVERTIR

Edición en línea del Domingo 24 de mayo de 2020

 

 

CRECE EL DESPIDO DE EMPLEADOS QUE TRABAJAN POR CONTRATO TRIMESTRAL

 

La doble desesperación que sufren los más pobres

Escribe LUÍS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com

Encuarentenados, encerrados en nuestras casas, mirando el mundo por la ventana, la información que se repite minuto a minuto en los 1.000 medios de comunicación y en las infinitas redes sociales, muestran que el covid-19 ya acumula en todo el mundo 5,4 millones de contagiados detectados, con 2,2 millones de personas que ya pasaron por la enfermedad y se curaron, 2,8 millones que son enfermos en proceso y, lamentablemente, 344.257 muertos, gente que perdió la vida, que no estará nunca mas.

Obviamente, si uno solo de esos seres humanos fallecidos es un padre, un hijo, un hermano, un amigo o una persona cercana el drama del corona virus adquiere un tamaño gigantesco, irreparable, generando un antes y un después en la vida de los que quedan vivos. Sin embargo, si se analizan los números de la enfermedad con frialdad, es importante destacar dos cosas:

1) Uno de los países que lleva sus propias estadísticas con mayor precisión es Gran Bretaña. En esa nación, hace poco más de dos meses pronosticaron que el covid provocaría la muerte de al menos 250.000 británicos. Y si bien ese país es en muertes el segundo más afectado del planeta, hasta ahora sufrió 36.700 decesos, es decir el 14% de lo que habían estimado. Y, además, el crecimiento de muertes está desacelerando, por lo que seguramente habrá más muertes, pero difícilmente se llegue a la escalofriante cifra que se había calculado.

2) La población mundial es de 7.800 millones de personas, y los fallecidos hasta el momento son apenas el 0,004% de los habitantes de todo el planeta. El país más afectado es Bélgica, donde murió el 0,08% de sus habitantes. Y, para que se entienda bien, para que se llegue a morir el 1% de los belgas por esta enfermedad, los decesos tendrían que crecer desde los 9.300 fallecidos actuales a 116.000 muertos, es decir, la cifra de decesos se tendría que multiplicar por 13. Los muertos tendrían que crecer 13 veces para que se llegue a morir el 1%, y estamos hablando del país largamente más afectado.

Por supuesto, cada muerte, y la incertidumbre del futuro, hace que todos miremos por la ventana aterrados, sin saber qué va a pasar. Y ahora que la pandemia está llegando con más fuerza América latina, peor aún. Por lejanía del foco de origen y por situación climática (el frío recién está llegando al hemisferio sur), hasta ahora la mayor cantidad de fallecidos se concentró en Europa Occidental y Estados Unidos. Pero ahora la enfermedad viene para nuestro patio, y eso asusta todavía más.

Brasil, México, Perú y Ecuador son los países que registran más muerte por este virus. En la región ya hay 36.000 muertos. Y en la Argentina hay 445 fallecidos, por lo que hasta ahora falleció el 0,001% de la población total. Para que se muera por el covid el 1% de los argentinos, las muertes tendrían que crecer 1.015 veces.

Encerrados, mirando por la ventana, cada vez que nos enteramos de un muerto nuevo, nos aterramos cada vez más. Y frente a la evolución de esta pandemia, como todavía no se encontraron medicamentos adecuados y mucho menos una vacuna, los Gobiernos -desconcertados porque estamos enfrentando un problema con pocos precedentes, sobre todo en cuanto a información detallada recibida- resuelven hacer cuarentenas sin fin, hasta que alguna solución llegue.

Sin embargo, en las casas, sobre todo en las más humildes, la que no tienen resto para enfrentar estos días, hay dos desesperaciones. Una es, como dijimos, el miedo a la enfermedad que avanza. Y la otra angustia, que perfora el cerebro de millones de familias, es el daño económico provocado por el congelamiento de actividad que deja la cuarentena.

La gente más acomodada, que tiene ahorros, o ingresos en blanco registrados, no sufre tanto este tipo de temor, porque por ahora cada mes le llega su ingreso su cuenta bancaria y puede seguir afrontando sus gastos. Pero, según un cálculo de IDESA, en base a datos del INDEC, sobre el total de asalariados, sólo el 13% está registrado en blanco, el 41% es gente que trabaja en negro (en general con contratos trimestrales, que se van renovando periódicamente) y el 46% son cuentapropistas, es decir gente que se gana el mando haciendo una actividad independiente, sin que nadie lo sostenga.

Con la cuarentena, el Gobierno está dando ayudas de 10.000 pesos a muchas familias, una cantidad de dinero que llega para hacer dos compras de supermercado. Y el 70% de las pymes están cerradas, sin actividad, sin ingresos, y son ayudadas para pagar salarios. Pero hay un hachazo invisible y homicida que no se computa: las minipymes que contratan gente en negro, porque sus actividades no dan para pagar los impuestos, está dejando gente contratada afuera.

O sea: tenemos gente desesperada por dos motivos. Uno, el miedo a que la enfermedad se nos meta por la ventana. Pero la otra tragedia ya entró:

- Lo despidieron a papá, no le renovaron el contrato.

- Pero si hay prohibición de despedir, y obligación de pagar doble indemnización.

- Papi firmaba un contrato trimestral. Eso está afuera de la protección del Gobierno. Estamos solos, y nadie vendrá a ayudarnos.

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